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Tribuna:

La memoria

Huesos sin identificación, en tumbas comunes. Documentos reducidos a cenizas. Lo que vemos de las víctimas, estos días, en las informaciones que llegan de los Balcanes, es el vacío que dejan. La injuria de matar, agravada por la perversidad de que no quede rastro: matar la evidencia del ser, que es doblemente matar, la verdadera muerte. Pero hay una tercera, que sería nuestro olvido, o aún peor que el olvido: la mitificación del que murió, reducirle a una definición, a un contexto. Dejar de indagar sobre su individualidad es aceptar que fueron diferentes a nosotros, o que nosotros no seríamos como ellos, si nos tocara vivir lo que sufrieron. De otra tragedia, la de los desaparecidos de la dictadura argentina, llega a Madrid el esfuerzo por devolverles la carne y esperanzas que tuvieron: esta tarde, a las 20.00, se inaugura en la Casa de América Buena memoria, la exposición fotográfica que Marcelo Brodsky ha armado partiendo del retrato de grupo de la promoción de primer año del Colegio Nacional de Buenos Aires; siguiendo con retratos actuales de aquellos compañeros a quienes consiguió localizar; superponiendo cada uno de éstos al fondo del pasado; confrontando las caras de ayer, como dice Martín Caparrós en uno de los textos que las acompañan, "a los rostros de hoy o a sus ausencias". Articulado todo en torno a la figura de Nando, el hermano del fotógrafo, desaparecido en la siniestra Escuela de Mecánica de la Armada.

Tengo en mis manos el volumen con el ensayo fotográfico que reúne el material de la exposición Buena memoria. Pero en la muestra habrá una foto más, que Marcelo ha obtenido hace muy poco: la que le hizo Víctor Basterra a Nando cuando ambos estaban presos en la ESMA, y que ha sido incorporada al sumario que instruye el juez Garzón. Una foto del mal que se hizo, entre las fotos del bien que fueron.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de junio de 1999