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Entrevista:LUIS CIGES | Actor

Las portentosas memorias de Luis Ciges

Sobrino de Azorín, director de cine, ácrata irreductible y secundario mítico en más de 130 películas, el actor de 'P. Tinto' desprecia un afama tardía y narra su vida exagerada

Es una especie de eterno amateur. Bajo su veta costumbrista y rural, que han captado cineastas como Berlanga, Almodóvar o García Sánchez, Luis Ciges es mucho más que un actor raro y un rostro inolvidable. Más de 100 papeles de secundario despúes, él sólo se considera "un tipo que se pone delante de la cámara", aunque esconde diez o doce oficios, cien anécdotas y una sabiduría gracianesca: sutil y desmitificadora. Instalado en un modesto pisito de la perifería madrileña, Ciges sigue viviendo su peculiar y caótica bohemia a los 77 años, ajeno al éxito comercial de El Milagro de P. Tinto: "Hace 20 años que no voy al cine. El del barrio es muy chungo, y los otros están muy lejos".

Inventor de una "truca de dibujos animados", realizador de televisión y de documentales, "fetichista, espía y ácrata por libre", técnico de efectos especiales, mercenario en Rusia y elemento subversivo en España, compadre de Gonzalo Suárez y compañero de farra de Luis Goytisolo, miembro fundador de la Escuela de Cine de Barcelona, padre de un hijo de 28 años ("me ha salido bueno, pero un poco vago"), Luis Ciges es tan gracioso como los personajes que ha interpretado tantas veces.Ahora acaba de venir de Rusia. Estuvo allí un año entero, combatiendo ("no, no maté a nadie, no jodamos") con la División Azul, y ha vuelto para rodar un documental. Recién llegado al humilde barrio madrileño (Villaverde Bajo) donde vive, no ha tenido tiempo de organizarse mucho: la bolsa de viaje está aún abierta en el suelo del salón, y hace un frío digno de la tundra.

Por lo demás, la casa, un piso 12 sobre la Carretera de Andalucía, recuerda al ambiente Torrente, pero en versión intelectual. Hay libros por todas partes (cine, psicología, novelas, historia, arqueología, una biografía de Hitler, la Estética de Lúkacs en cuatro tomos...); unos cuantos vídeos viejos (ninguno suyo: dice que jamás se ve, y que se mira muy poco al espejo); una foto grande de Picasso; un diploma del National Geographic; el retrato de una novia guapísima de Mario Gas, "que luego se hizo musulmana"; una cámara Sony, un zapatero de porcelana, y una mesa muy baja con un ordenador reluciente y una silla de director de cine que queda medio metro por encima...

Ciges se ha traído varios paquetes de tabaco ruso sin filtro y fuma sin parar, partiendo los pitillos por la mitad. "Estamos fumando como machos", dice al tercer paquete. Antes, ha sacado una botella de Valdepeñas para la visita: "Yo no soy aficionado a esto...".

A los 77 años, sigue instalado en la bohemia total. "Es un caos sin orden, el caos bueno. Me ayuda a mantenerlo así el que no encuentro ni a tiros una mujer que limpie". Y luego cuenta su vida.

Niño feliz y policía de burdel

"Tuve una infancia muy feliz aunque entonces se ganaba poco. Mi padre era escritor y político republicano. Mi madre era hija de burgueses (era la hermana de Azorín) y sólo pintaba y se ocupaba de la cocina. Éramos cuatro hermanos. Tenía yo 15 años cuando mataron a mi padre, que era Gobernador Civil de Ávila. El 3 de agosto del 36, con el equipaje hecho para irse a Cuba de embajador, lo detuvo la Guardia Civil. Al día siguiente lo mataron los nacionales de un tiro en la cabeza, en el cementerio. Le robaron todo, el hombre no dejó ni una perra. Así que mi madre y mi hermana se fueron a un convento de clausura, y yo y mis hermanos a uno de frailes castigados. No comían, nos trataban fatal, era una cosa horrorosa. Cuando acabó la guerra, nos dieron a elegir: seguir allí o entrar en el Tercio de Orden y Policía. Así que nos fuimos, mi hermano pequeño y yo. A Elizondo, con los requetés, a andar las vías del tren por si había petardos, y a cerrar los burdeles que viéramos abiertos".

El frente ruso sin tanques

"Después nos fuimos a Rusia de voluntarios, o sea de mercenarios. Con un Grupo de Asalto y Caza de Tanques de la División Azul. Llevábamos metralletas, bombas de mano y de humo, pero tanques no había. Mi madre cobraba nuestro sueldo en marcos. Estuvimos de octubre a octubre, en Polonia, Leningrado... Yo era el despistado número dos y me mandaban las cosas más raras. Cruzar el campo de batalla con una carretilla. Subir una montaña en trineo... No había transporte, anduvimos 1.200 kilómetros en un mes. En verano, a 56 bajo cero".

Medicina, bronquitis y autopsias

"Luego hice la mili en Sevilla, hasta que me echaron por hacerme el jefe: sacaba comida para los pobres y los presos del Socorro Rojo. Después estuve un tiempo haciendo como que era espía alemán en las Minas del Eje (el eje de Orense, Pontevedra y Lugo) y me volví a Ávila con bronquitis. Estudié dos años de medicina y me coloqué en un sanatorio de tuberculosos. Había 400 enfermos, muy enfermos. Como yo estaba bastante curado de espanto, me pusieron en autopsias. Entonces tenía un pabelloncete majo a las afueras, y había una moza con la que me quería casar. Por hacer un ejercicio de fidelidad. Pero ella no quiso vivir allí y me vine a Madrid".

Solo ante el peligro

"Como era aficionado al cine, me fui a ver Solo ante el peligro y me presenté al examen del Instituto de Investigación y Experiencia Cinematográfica. Confundido, porque creía que era cosa de medicina... Con ese nombre... Y resulta que me aprobaron. Me gustaba la interpretación, pero era tan feo... Hice dirección, cuatro años, y me fui a Barcelona. En la escuela estaban Patino, Summers, Julio Diamante, Saura haciendo las prácticas... Berlanga era profesor. En Barcelona estuve 13 años, trabajando de realizador en Miramar. Pero hice cosas muy graves y me echaron. Mandábamos fotos de las huelgas a París y a Milán, hicimos un documental muy duro, Notas de "Nos encerramos en Montserrat por los fusilamientos de Burgos", el cura que me casó me denunció y me echaron".

Leproso en "Molokay"

"Mi primera película no fue Plácido, fue Molokay, de Luis Lucía. Catástrofe. Un tío intratable. Iba de director. "Sonría; no sonría...". Fui a verle a su casa y estaba haciendo la lista de una fiesta con las tías que tragaban, y las que no tragaban las borraba.Yo tenía 11 o 12 días de trabajo, no estaba mal. Rodábamos en Manzanares. Había un gran lago, ponían una palmera y ya era Filipinas. Yo hacía de Manolo, un leproso. Lo malo es que era invierno, y había tanta humedad que nunca daba el sol. Venga sol por el horizonte, y allí nada. Y Lucía con un cabreo... "Aquí hay un gafe", decía. Así que primero quemó la camisa amarilla de un técnico, y como seguía sin sol, me echó a mí. Mejor. "Sonría, no sonría". ¿Cómo coño iba a dirigirme a mí, que iba para director? "Dirigiendo bien, éste no es momento de sonreír. Igual un momento de alegría, sí, pero no de sonreír".

"Plácido" y Berlanga

"Berlanga no va de director. Va de no decirte nunca que has estado bien. Te partes un pie, pasa a tu lado y ni te pregunta. Pero te deja improvisar. Siempre que sepas las palabras clave berlanguianas, astrolabio, austrohúngaro y rotoprint, puedes meter tu chorrada. Austrohúngaro la pone en todas. Hitchcok sale, Berlanga mete austrohúngaro"."Para Plácido me dijo que no daba el tipo de pobre (en esa época me llamaban maricón de playa, era un hombre de gimnasio, me llevaba a las chicas de calle y daba unas hostias...). Yo le dije: "Lo daré". Me fui al ilustre Iranzo, peluquero de Barcelona, y le pedí que me hiciera un corte bueno para pasear, pero que con un golpe se escoñara. Me compré una gabardina, la llevé un mes, me metí bocadillos de chorizo y de tortilla en los bolsillos para que chorrearan bien, y me presenté a él.

-¿Qué pobre hago? ¿El que engaña, el que se guarda la comida o el vago?

-No me des el coñazo, Luis, que tú eres el actor.

-Ah, bueno. Hacemos el pobre que salga, entonces.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de enero de 1999