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La oportunidad de un retraso involuntario

"Ésta es una exposición que llevábamos largo tiempo preparando, pero costaba que pudiera concretarse ya que, por una parte, era difícil conseguir el préstamo de las obras, y por otra, es una exhibición que, por la importancia del artista, resulta cara", afirmó ayer Rosa Maria Malet, directora de la Fundación Miró de Barcelona y estrecha colaboradora de la comisaria de la exposición, María Luisa Borràs, en su concepción.El hecho de que se celebrara el centenario del artista lo ponía aún más difícil, pero quiso el azar que el Museo de Bellas Artes de Bruselas decidiera celebrar el centenario antes, entre marzo y junio, lo que ha permitido no sólo disponer de piezas, sino además que la exposición de la Fundación Miró coincida con el centenario del nacimiento de René Magritte, el 21 de noviembre de 1898 en Lessines.

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Si la gran antológica de Bruselas se estructuró de forma cronológica y reunía gran cantidad de obras del artista, la de Barcelona es más modesta en este sentido y se ha organizado siguiendo un criterio temático. Reúne en total 80 óleos, 10 dibujos y 55 fotografías realizadas por el artista que recogen tanto escenas íntimas como montajes artísticos. También se incluye una película realizada por Magritte. En conjunto, el periodo que abarcan las piezas se inicia en 1925 -año en que el artista, tras dejarse influir por el futurismo, el dadaísmo y la pintura metafísica de De Chirico, pinta sus primeras telas surrealistas- y finaliza en 1967, año del fallecimiento del artista.

La exposición ha costado en total unos 60 millones de pesetas, de los que 25 los ha aportado el Banco Bilbao Vizcaya (BBV), patrocinador de la exhibición en virtud de un convenio de colaboración con la Fundación Miró que en años anteriores se ha reflejado en las exposiciones dedicadas al mismo Miró, a Calder y a Andy Warhol.

Antonio López, director general adjunto del BBV, quiso responder a las críticas que reprochan a la entidad que realice actividades que, dicen, sólo interesan a minorías: "El mecenazgo, que tiene que ser libre y no tener interferencias de ningún tipo, solo tiene sentido si puede dar vida a un nuevo humanismo. Y las bellas artes, precisamente, son una búsqueda apasionada del hombre y de sus valores. Apoyando las exposiciones apoyamos el humanismo que subyace en la historia del arte".

Un pintor poco pintor

"La pintura de Magritte es menos interesante en cuanto pintura que en cuanto idea", explicó ayer María Luisa Borràs. Añadió que la técnica pictórica y la investigación formal o estilística no le interesaban en exceso, aunque no puede tacharse a Magritte de artista intelectual; al contrario. "Tanto Miró como Magritte eran genios surrealistas que no aceptaban las normas dictadas desde París", dice Borràs. "Y en ambos casos había un rechazo frontal a la teoría estética. Magritte no quería que entre la obra y el espectador se interpusiera ninguna teoría".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de noviembre de 1998