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Crítica:TEATRO

La gran pelea contra el absolutismo

Un texto dramático, denso y grave; están las palabras del poeta surrealista, del andaluz metafórico, pero cercando unos personajes, un tema: más de un tema. Es el de un pueblo cualquiera de cualquier España; el de unas mujeres encerradas por el tiempo -ocho años de luto- y por el espacio -la casa familiar- y apresuradas, en cambio, por la vida, por su juventud o alguna por su madurez.Está, por lo tanto, el tema de la mujer encerrada, sobre todo apartada del hombre. Por una madre brutal: es decir, por una dictadura. En el plano directo, el poder atroz viene de una ética, de unas normas, de una constitución: el pueblo que puede hablar y que castiga a la que se sale de la ley; en el plano supuesto, es la dictadora o la persona que manda, entronizada y recubierta de toda la autoridad.

"La casa de Bernarda Alba"

De Federico García Lorca, 1936.Intérpretes, María Jesús Valdés, Julieta Serrano, Gloria Muñoz, Roser Camí, Rosa Vila, Chantal Aimée, Mónica López, Concha Redondo, Maife Gil, Jesusa Andany, Marisa Prada. Escenografía, Alfons Flores. Vestuario y caracterización, Mercè Paloma. Direccion, Calixto Bieito. Teatro María Guerrero, Centro Dramático Nacional.

No puede extrañar que Federico García Lorca, atraído siempre por una defensa de la mujer contra España -Yerma, o Mariana Pineda, o Doña Rosita; o la desposada a la fuerza en Bodas de sangre-, haga una obra de combate; pero menos puede extrañar que en junio de 1936, cuando gran parte de Europa estaba cubierta por monstruos totalitarios implacables, y cuando a España le faltaba un mes para producir otra de esas grandes bestias -la que la mataría- estuviera tambien peleándose contra el absolutismo, y contra todos: el de la Iglesia, el de las clases sociales -tan explícito continuamente-, el del orden.

Texto extraordinario

Todo lo que diga aquí está ya dicho; nada se podrá decir nuevo sobre Garía Lorca y su obra, a no ser la necesidad de insistir en que sí era un escritor que marcaba directamente una posición política y social (y ni uno solo de sus versos la contradice) y que lo que se puede ir a ver en este espectáculo es ese texto extraordinario.Dicho con fuerza por dos primeras actrices, María Jesús Valdés -la feroz y rígida Bernarda- y Julieta Serrano -Porcia-, y por las cinco encerradas, en las que noté una tensión especial, sobre todo en la joven Roser Camí.

La dirección de Calixto Bieito ha añadido algunos detalles no reales a la obra naturalista; la aparición de una trapecista desnuda, o la conversión del espacio blanco en negro de pronto, sin que yo sea capaz de establecer a qué momento psicológico corresponde: en todo caso, la sensación de encierro y de opresión está conseguida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de noviembre de 1998

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