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El niño que Emilio Alarcos quiso ser

"Emilio Alarcos seguía reconociéndose ya de adulto en el niño que había sido". Estas palabras del poeta y académico Ángel González sirvieron para ilustrar que "sin la curiosidad del niño Emilio Alarcos no se explicarían los hallazgos del sabio profesor". González recordó una cita del filólogo y académico fallecido hace unos meses: "Pero yo sé que todo esto es verdad y yo soy el niño empeñado en perdurar".Filólogo, crítico literario, prosista y, según descubrió Ángel González, también poeta, la figura de Alarcos recibió ayer un homenaje en la Universidad de Valladolid. Las conferencias del citado Ángel González y del profesor de la Universidad de León Salvador Gutiérrez precedieron el acto de entrega del Premio a la Trayectoria Literaria de 1997 de la Diputación de Valladolid, a título póstumo, a Emilio Alarcos. Varios miembros de la Academia Española de la Lengua, como Víctor García de la Concha o Gregorio Salvador, también asistieron al homenaje.

Ángel González definió a Alarcos como una persona escéptica y apacible, inteligente y honesta, que "no se prestaba a cambalaches y por eso resultaba incómodo para algunos". "Le regatearon merecimientos", explicó el poeta, "y prueba de ello fue que su candidatura al Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales ni siquiera llegara a votarse". En su conferencia, Ángel González destacó tanto las facetas de Alarcos como gramático como su vertiente de prosista. "En sus trabajos científicos, Emilio Alarcos desplegó una prosa concisa y sencilla, donde no sobraba ni faltaba nada". Sin embargo, Ángel González descubrió un aspecto hasta ahora desconocido en la trayectoria literaria de Alarcos, apreciado sobre todo como gramático, y que se refiere a su vena lírica. Emilio Alarcos escribió poesía desde los años cuarenta hasta los años noventa en un ejercicio que Ángel González calificó de "diario lírico que abarca toda una vida".

También recordó González la aparición de Emilio Alarcos en un programa de televisión en 1972 con una copa de coñá sobre la cabeza. "Emilio Alarcos", dijo el escritor, "acogía muchos Alarcos y su condición de académico era compatible con otros modos de ser. En cualquier caso, fue un pozo de ciencia nunca oscuro".

El III Congreso Internacional de la Lengua ha querido homenajear al lingüista Emilio Alarcos por su trayectoria literaria y también porque fue el último presidente del comité organizador de este tipo de encuentros, convocados por la Diputación de Valladolid. Emilio Alarcos, nacido en Salamanca en 1922, falleció el pasado 26 de enero en Oviedo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de noviembre de 1998