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Manuel Rivas: "La realidad es un capítulo de la gran ficción humana"

La literatura minoritaria no lo es tanto con autores como Manuel Rivas. El escritor gallego, que reivindica la guerra civil española como "la más universal" , entretejió en su idioma la novela El lápiz del carpintero, entre la realidad y la ficción, el acercamiento a las gentes de la época y la subversión a sus consecuencias. Rivas presentó ayer en San Sebastián la versión en castellano que edita Alfaguara. "La realidad", dijo, "es un capítulo de la gran ficción humana".

La ambientación histórica de esta novela es incontestable. Sin embargo, Rivas, que presentó su obra reclamado por Donostia Kultura, rechaza cualquier clasificación de El lápiz del carpientero en el género de novela histórica. "Es un libro escrito desde hoy y precisamente plantea el sentido que tiene contar ahora esta historia que se inició con los movimientos obreros en A Coruña el siglo pasado". El escritor gallego no es indiferente a los hechos que relata, a una historia que se apoya en un hecho real, pero que se desarrolla en el mundo de la ficción. El punto de partida es la noche de bodas de un matrimonio en una pensión de Vigo. La pareja disfruta de su primera noche de casada custodiada por la Guardia Civil, mientras el marido es trasladado de cárcel, recién terminado el enfrentamiento bélico. Rivas recurre a "la melancolía de futuro para reflexionar sobre nuestra condición". Y en esa melancolía se traslada a una guerra civil española, que él juzga la más universal de todos los enfrentamientos bélicos. "Es la gran metáfora de todas las guerras, incluso más que la que vino después: en ese escenario confluían todos los vientos de la historia de una forma enfurecida, confluyeron las grandes utopías, la lucha contra los totalitarismos, los propios nacionalismos o el feminismo". Y para ratificarlo hizo suyas unas palabras de Albert Camus: "Se escenificó la derrota de los ideales de la justicia". En ese escenario Rivas habla de la guerra, del dolor fantasma: "El peor que se siente en un órgano que fue amputado". Pero también deja entrever la estrategia de las instituciones de la época por barrer lo que él califica de "realidad inteligente". "Lo que se quiso destruir aquí fue esa realidad que es de laboriosa construcción. Desde lo del compositor célebre hasta el acordeonista de una taberna", esas creaciones que "sobreviven a la propia existencia".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de octubre de 1998

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