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De la Expo 92 al Guggenheim

Carmen Morán Breña

En un intento de demostrar las diferencias derivadas de que los proyectos urbanísticos estén en manos de un arquitecto o de un ingeniero superior, el decano del Colegio de Arquitectura de Andalucía, Ramón Queiro, pone un ejemplo: "El símbolo de Sevilla ya no es sólo la Giralda. De toda la Expo, lo más emblemático, y se levantaron en unos años más puentes que en toda la historia de la ciudad, es el del Alamillo, del arquitecto Calatrava. Los demás resuelven la función de cruzar el río, pero el de Calatrava tiene una dimensión y una belleza que trasciende el valor de puente. Y eso que el proyecto era más amplio y no se completó. Pero la obra se ve. Calatrava es un humanista, ha estudiado Bellas Artes y Arquitectura, además de ser ingeniero"."Lo mismo ocurre en Bilbao con el Guggenheim", prosigue Queiro, "se ha alabado mucho la capacidad técnica que ofrecía la ciudad para la construcción del museo, pero si no hubiera existido la idea del arquitecto, jamás habría existido así".

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Ellos creen que el arquitecto es un profesional que se forma para tener una visión artística, estética e integradora del entorno. Si los edificios, incluso aquellos que pertenecen al patrimonio histórico, los hacen o modifican los ingenieros, "puede que salga una Torre Eiffel, pero será por casualidad, no porque hayan recibido los estudios apropiados", afirma Queiro.

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Sobre la firma

Carmen Morán Breña
Trabaja en EL PAÍS desde 1997 donde ha sido jefa de sección en Sociedad, Nacional y Cultura. Ha tratado a fondo temas de educación, asuntos sociales e igualdad. Ahora se desempeña como reportera en México.

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