El clero de EEUU, dividido entre el perdón y la condena
En un país donde están representadas todas las religiones del mundo y donde las veinte iglesias más grandes congregan a más de 130 millones de personas, recibir el visto bueno de los sacerdotes, rabinos e imames es fundamental para Bill Clinton. Y esa asignatura de momento sólo la aprueba por los pelos. El líder de su propia Iglesia, la bautista, le pidió la dimisión la semana pasada. Lo mismo han solicitado dos figuras notables de la Iglesia episcopal y de la comunidad judía. Pero el viernes, el día más crítico de su presidencia, las disculpas de Clinton fueron bien recibidas por un grupo de 106 clérigos de todas las denominaciones reunidos con él en la Casa Blanca.Clinton necesita desesperadamente reconciliarse con el clero de EEUU. Cientos de predicadores de ideología predominantemente conservadora le están aplicando severos correctivos a lo largo y ancho del país, a través de programas de radio de enorme audiencia en los que se le ridiculiza y a los que la gente llama por teléfono para contribuir a su lapidación.


























































