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El liberal Serpa parte con una ligera ventaja en las elecciones de Colombia

Si se cree en las encuestas, las elecciones de mañana domingo pueden ser unas de las más reñidas de la historia de Colombia. «El ganador lo va a decidir Bogotá», afirman la mayoría de los analistas. El argumento es el resultado de las últimas elecciones -parlamentarias y primera vuelta presidencial-, en las que el voto de opinión -el que no está amarrado a las maquinarias de los partidos tradicionales- dio grandes sorpresas en la capital.

En los dos casos, los candidatos independientes -Noemí Sanín en las presidenciales- lograron un respaldo masivo de los habitantes de una ciudad que está cansada de los vicios de la politiquería. Las encuestas dan una ligera ventaja al candidato oficialista, Horacio Serpa. El último sondeo le coloca a seis puntos por encima de su rival conservador. Pero a última hora, los votos independientes de Noemí Sanín se han desviado más hacia el bando del conservador Andrés Pastrana.La demanda de Sanín al presidente Ernesto Samper, al que acusó de ser una especie de jefe de debate de Serpa, fue interpretada como un guiño a la campaña pastranista. La plana mayor de su movimiento, incluido el ex embajador Carlos Lleras y el ex alcalde de Bogotá Antanas Mokus, anunciaron ya su voto y hoy figuran en el abanico de candidatos al Gabinete de Andrés Pastrana, el primero como ministro de Defensa y el segundo como ministro de Educación.

Sin embargo, muchos prevén que la maquinaria del partido del Gobierno será más fuerte y que la Administración que ha sido acusada de ser una de las más corruptas de la historia, la de Ernesto Samper, acabará finalmente siendo premiada mañana. «Serpa logró movilizar al liberalismo a pesar del inmenso desprestigio del Gobierno y de la división del partido», dijo a EL PAÍS el analista político Andrés Rangel. Rangel cree que la ventaja de Serpa -candidato apoyado por el grupo económico más grande del país, el Grupo Santo Domingo, el mismo que mantuvo a Samper en el poder- será de unos 400.000 votos. «Pastrana no ha logrado convencer a los electores de ser una alternativa preferible al continuismo de la política actual».

En estas vísperas electorales, en medio de un país que piensa más en las jugadas del Mundial de Fútbol que en su futuro, se ha librado una verdadera guerra por el tema de la paz. Las FARC -Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, el grupo guerrillero más grande y numeroso del país- entró al terreno del juego electoral, aseguró no tener candidato, pero hizo un guiño a Pastrana y criticó duramente a Serpa, quien se ha mostrado como el abanderado de la paz. A este último lo acusan de no haber hecho nada por la reconciliación en 12 años de trabajo gubernamental.

«La guerrilla manipuló las dos campañas aprovechando lo reñido de la disputa electoral. Ha obtenido un avance político al lograr la aceptación de sus condiciones para negociar», dice Rangel, y prevé que si gana Serpa, el diálogo con este grupo insurgente será menos fluído y más traumático.

El grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia se unió a estas jugadas preelectorales en el terreno de la paz. En un mensaje enviado a los dos candidatos ese grupo pone sus cartas sobre la mesa: «El próximo Gobierno no podrá contar con nuestra presencia en la misma mesa de negociación que las fuerzas subversivas». Y a renglón seguido advirtió que estará en el diálogo pero sólo «en igualdad de condiciones, con las mismas garantías de la insurgencia».

Los paramilitares dan así un giro de 180 grados respecto a su posición anterior. Siempre habían insistido en sentarse a la misma mesa con Gobierno y guerrilla. Su nueva postura coincide con lo planteado por Serpa y Pastrana y con la insurgencia, que siempre se ha negado a participar en una mesa de negociación tripartita.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de junio de 1998

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