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Tribuna:

Buenos aires

Puestos a ser papistas les aseguro que lo somos más que la silla vaticana. Anda la hermosa comarca gaditana de La Janda a vueltas con los vientos inconvenientes de la energía eólica. Una energía natural, limpia, no contaminante, inocua para el ganado y la agricultura y recomendada desde la Unión Europea para no trufar la atmósfera con los gases industriales que se cargan la capa de ozono. En La Janda estaba previsto ubicar cuatro parques autogeneradores a los que la Junta había dado su visto bueno, pero los ayuntamientos, los vecinos y los movimientos ecologistas han alzado sus voces contrarias al proyecto, sobre las bases del impacto paisajístico de los molinos de viento. Los ayuntamientos de la comarca de La Janda han dicho que, pese a los permisos tramitados por la Junta, ellos no piensan conceder ni una sola licencia de obras para la construcción de estos parques de energía limpia y no contaminante. Al parecer están profundamente interesados en defenderse de la contaminación paisajística de los aerogeneradores y han exigido la redacción de un Plan de Desarrollo Eólico para la comarca. A estas alturas del partido uno ya no sabe si lo que ocurre en La Janda es pura realidad o la reedición y puesta al día del pasaje cervantino de un Alonso Quijano enajenado luchando contra los molinos de viento. Puestos a ser puristas con el paisaje convendrán conmigo que diariamente se atenta contra el mismo desde muchos ayuntamientos que, sin rubor, conceden licencias de obras para desvaríos paisajísticos. Más de uno y de dos se han cometido, con nocturnidad y alevosía, en los pueblos gaditanos que se enmarcan en La Janda. Y les aseguro que si resulta un pegote para el paisaje la instalación de estos molinos, no menos impactante resulta la construcción de un hotel en mitad de un saneado bosque. Pero está visto y comprobado que el paisaje y la ecología se han convertido en argumentos de venta política hasta el desmedido punto que ya resulta censurable la energía más limpia y natural: el aire. Malos vientos corren para lo lógico de las cosas cuando, a fuerza de ser papistas, lo somos más que el Papa con tal de hacer política gaseosa a costa del paisaje.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de junio de 1998