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Los expertos renuncian a usar cemento y acero para restaurar catedrales góticas

¿Las catedrales se caen? No. La contundencia de con la que los expertos dan esta respuesta no puede ocultar, sin embargo, los problemas que sufren los templos góticos en España. Estos problemas no tienen su origen hace uno, dos o tres siglos, sino que datan de hace tan sólo 25 años. Fue en ese momento cuando se introdujeron con "ignorancia" algunos procedimientos modernos de consolidación, como el uso del cemento y del acero, de los que hoy abominan los arquitectos que se dedican a la restauración.

El I Congreso Europeo sobre Restauración de Catedrales Góticas, que concluyó el sábado en Vitoria, ha servido para reafirmar algunas tendencias que se habían abierto paso en los últimos años. Los arquitectos catalanes Antoni y José Luis González Moreno-Navarro resumieron en la ponencia que cerró el congreso las peculiaridades constructivas y estructurales de las catedrales góticas en España. Entre el ramillete de conclusiones aportadas por los expertos destaca la importancia de entender el proceso llevado a cabo por el constructor original, por qué hacía las cosas, cómo las hacía, por qué le fallaron o le funcionaron y dar soluciones a partir de los mismos recursos que él empleó. "La tendencia", explica el jefe del Servicio de Patrimonio Arquitectónico de la Diputación de Barcelona, Antoni González Moreno-Navarro, "es hacer trabajar al edificio tal y como es. Si un muro de mampostería se agrieta, se tiene que arreglar con mampostería; si es una bóveda de piedra, se repara con piedra y así sucesivamente". En dos palabras: medicina natural. Cuando empezaron a surgir los primeros problemas de agrietamientos, los arquitectos echaron mano del hormigón, un elemento que ha ejercido cierta fascinación a los técnicos. Sin embargo, el paso del tiempo ha revelado que el empleo de ese material ha sido contraproducente. "Las actuaciones históricas", puntualiza José Luis González Moreno-Navarro, "no han sido perjudiciales, las modernas sí que lo han sido. Todo lo que sea poner cemento y acero, en sus diversas combinaciones, introduce un cambio en la manera de comportarse el edificio que puede ser muy perjudicial". El cemento tiene una serie de elementos químicos que en contacto con la piedra natural de la catedral puede tener un efecto pernicioso sobre ella. "El gran problema de la conservación de los monumentos del siglo XX", abunda este catedrático de Construcción Arquitectónica de la Politécnica de Cataluña, "va a ser preservar el hormigón armado. Los edificios nuevos construidos con este material no van a resistir el siglo XXI o va a ser muy problemático conservarlos. Hasta hace veinte años, el hormigón armado era la panacea universal, el material eterno, y ahora resulta que se ha convertido en un peligro". Ausencia de planes La ausencia de planes directores de restauración de las catedrales españolas es otro de los grandes problemas con los que se encuentran los arquitectos. Este proyecto determina los estudios que hay que hacer hasta llegar al diagnóstico de los males que aquejan a cada catedral. En este sentido, el plan de la catedral de Santa María de Vitoria, en el que la Diputación de Álava se ha gastado 150 millones de pesetas, es una excepción. "Según están financiando otras administraciones los planes directores no se va a poder diagnosticar nada", se lamentan los dos arquitectos catalanes. La comparación con el caso de Vitoria es inevitable: "El plan para la catedral de Vitoria es modélico. El presupuesto que dedica el Estado para el resto de planes de las catedrales es ridículo en comparación con lo que se ha gastado la Diputación de Álava. El presupuesto para la catedral de Vitoria suma lo mismo que el del resto de los planes de España. No son planes directores de verdad, son de mentirijillas", recalcan Antoni y José Luis González Moreno-Navarro. ¿Por qué esa falta de financiación? Según estos arquitectos se debe a que los políticos encargados de repartir el dinero no tienen fe en el método. "Creen que gastar dinero en conocimientos es tirarlo. No se dan cuenta de que cuanto más se invierte en saber cómo se hizo la obra, más barato será restaurarla".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de mayo de 1998

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