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Tribuna:

Gelman

Juan Gelman, uno de los más grandes poetas en lengua castellana, llega hoy a Madrid para declarar ante el juez Garzón. Viene como padre y abuelo de tres desaparecidos: su hijo, su nuera, secuestrada en el séptimo mes de gestación, y el nieto que se quedaron los militares argentinos para entregarlo a alguna familia cómplice del exterminio y la regeneración sangrienta. Le consta a Gelman que mataron al hijo porque se han localizado sus restos, no así los de su nuera, pero era práctica habitual de los matarifes esperar que las mujeres en estado parieran para matarlas y así dejar a los recién nacidos sin cordón umbilical con su pasado. Cordón umbilical pisoteado por la ley de punto final, ahora reconstruido en contra del olvido como conjura y como método. Ni olvido ni perdón, propuso Margarita Nelken durante la guerra civil española, y que cada cual lo interprete según su metabolismo ético, pero la supervivencia prepotente de los Pinochet, Videla y compañía demanda al menos condenarles a la persecución de la memoria, al acoso de la busca y captura internacional, protegidos por un concepto de soberania nacional que ya sólo se aplica para defender a los violadores de derechos humanos autóctonos. Garzón y García Castellón reconstruyen el sentido común ético frente a la razón de Estado e inquietan a torturadores y asesinos vigentes o futuros, digan lo que digan los políticos estrella cuando hacen turismo geopolítico y respaldan desmemorias plenarias.Primero ante Garzón, luego en el Ateneo de Madrid, el 3 de abril, a las ocho y media de la tarde, Gelman hablará como uno más de los padres esencialmente mutilados por los centinelas de Occidente en el Cono Sur. Representa a entrañables gentes que al negarse a olvidar impiden la segunda muerte de las víctimas y el crimen perfecto de los verdugos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 30 de marzo de 1998