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Crítica:

Un grupo cubano trae a Madrid la versión teatral de 'Fresa y chocolate'

Vladimir Cruz asume el mismo papel que el filme homónimo

Con una clara alusión al segundo acto del ballet Coppelia y diálogos de Casa de muñecas, de Ibsen, empieza el montaje que tres actores cubanos dirigidos por el también criollo Carlos Díaz pasean por Europa. Tras su presentación en Holanda, la obra se montó en Sevilla y ha tenido su debú en la región madrileña anteayer en el Teatro José María Rodero, de Torrejón de Ardoz. La obra estará en cartel en el Teatro Príncipe, de la Gran Vía madrileña, desde el 10 de febrero hasta el 8 de marzo.

Las canciones de la bolerista Elena Burke y el alegato contra al trauma social que representó la influencia soviética en la sociedad civil cubana, sensibilizaron enseguida al público local, que al final aplaudió de pie a los actores que encarnan al poeta homosexual disidente (Fernando Hechevarría), el joven militante comunista (VIadimir Cruz) y un tercer personaje que alterna símbolos con desnudos integrales (Alfredo Alonso) y los diálogos del represor.

Fresa y chocolate, el relato del escritor villaclareño Senel Paz, ganó en 1990 el Premio Juan Rulfo que otorga anualmente Radio France Intemational y poco más tarde se convirtió en un filme de éxito dirigido por el desaparecido cineasta cubano Tomás Gutiérrez Alea, laureado en el Festival de Berlín y constituyendo el mayor acontecimiento del cine cubano en toda su historia.

La obra original ha conocido más de diez versiones teatrales en Cuba y Estados Unidos, y ésta de Carlos Díaz es la de más envergadura, y la primera que cuenta con diálogos compuestos por el propio Paz y la presencia en escena del actor VIadimir Cruz, encamando sobre las tablas a David, el mismo papel que el filme.

La pieza teatral, mucho más contestataria y directa que la película, con discretos medios y poca tramoya, se vuelve un duro alegato por las libertades individuales que los actores se encargan de amplificar con eficacia. El productor Alexis Rojas resaltó que "la reacción del público es siempre increíble, se identifican y entran en la trama con un respeto que poco a poco se vuelve admiración. En la obra está el texto de Senel Paz, pero hay muchísimo del aporte del director Carlos Díaz".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 1998