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Günter Grass dice que "el pasado nazi nunca ha sido un tabú para la literatura alemana"

El escritor publica 'Es cuento largo', una monumental obra sobre la historia de su país

Conciencia crítica de Alemania, infatigable defensor de una Europa tolerante y abierta, autor de novelas que ya han pasado a la literatura universal como El tambor de hojalata, Günter Grass presentó ayer en Madrid su último libro rodeado de una expectación comparable a la que despiertan las estrellas de cine. Auténtico friso de la historia reciente de Alemania, desde mediados del siglo pasado hasta la caída del muro en 1989, Es cuento largo (Alfaguara) es la novela más ambiciosa de un Grass que acaba de cumplir 70 años y que recibe un homenaje en España. A vueltas con la historia y sus secuelas, el escritor manifestó que "el pasado nazi nunca ha sido un tabú para la literatura alemana".

La propia biografía de Grass, nacido en 1927 en la ciudad entonces alemana de Danzig y hoy polaca con el nombre de Gdanks, ha atravesado con su dardo afilado buena parte de la historia germana de este siglo. Sin embargo, en un salón abarrotado por cerca de un centenar de periodistas, Grass confesó que muchos escritores alemanes, con el ya desaparecido premio Nobel Heinrich Böll a la cabeza, han afrontado el negrísimo y cruel papel de Alemania en la centuria que termina. "Desde l945", señaló el escritor, "se ha intentado acabar con el pasado, olvidarlo. De todos modos, las generaciones que eran jóvenes en 1968 ya comenzaron a interrogar a sus padres sobre sus responsabilidades. Hoy en día está claro que las nuevas generaciones no tienen la culpa de Auschwitz, pero son responsables de que aquellos crímenes no se repitan".Nadie va a dar lecciones a Grass sobre su enérgica actitud de denuncia de la barbarie nazi, pero el autor de Es cuento largo se permitió recordar que "el pasado nos afecta a todos". A renglón seguido aclaró: "La Iglesia francesa acaba de pedir disculpas por su actitud de apoyo o indiferencia ante la invasión nazi, mientras aquí en España el dictador Franco fue canonizado por la jerarquía católica".

La última novela de Günter Grass está trazada en torno a la figura de Theodor Fontane (1819-1898), un autor alemán poco conocido en España salvo por su libro Effi Briest. Sin duda alguna, la preocupación de Grass por explicarse a sí mismo los vertiginosos acontecimientos que vivieron Alemania y especialmente Berlín con la caída del muro y la posterior reunificación, a la que se opuso con fuerza el escritor, están en la raíz misma de Es cuento largo. "Era una historia que obligatoriamente debía arrancar de la mitad del siglo XIX". Grass rechazó con energía las acusaciones que lo tildan en Alemania de "antipatriota". "La actitud crítica hacia un país", dijo, "revela una prueba de amor. Mi patriotismo es la Constitución alemana, no la nación".

Celos de Fontane

Pero, junto a esa preocupación intelectual, Grass tenía un motivo más cercano para escribir: unos conmovedores celos hacia su mujer. Durante una larga es tancia del matrimonio en Calcuta, hace más de una década, Utte Grass no dejaba de leer obras de Fontane hasta el punto de que el escritor decimonónico se le aparecía al autor de El tambor de hojalata hasta en sueños. "Se con virtió en una obsesión para mí". Esta suerte de simpáticos celos retrospectivos están subrayados en la dedicatoria de Es cuento largo: "Para Utte, que tiene algo con F." [leáse Fontane].Denostada esta última novela por algunos críticos literarios alemanes, Grass mostró su hartazgo por las polémicas, pero arremetió con armas y bagajes contra los eruditos: "Yo soy un empleador de críticos. Sin mis libros y los de mis colegas, no existirían los críticos. Ha llegado un momento en el que ya no se representa una obra de Shakespeare, sino la versión tal de fulano de cual sobre un texto de Shakespeare. Lo secundario se ha convertido en principal. De cualquier modo, la literatura no se hace para satisfacer a los críticos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 6 de noviembre de 1997