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El niño que rugió antes que el león de la Metro

X. M"Desde muy pequeño, en Cuba, veía cine con voracidad", recuerda Cabrera Infante. "Tras mi estreno a los 29 días, en brazos de mi madre, tengo conciencia de que a los dos años vi una película de la Metro Goldwyn Mayer. Lo recuerdo porque rugí antes que el león y los asistentes que estaban a mi lado se rieron. A los siete años vi una película memorable, Caracortada, de Howard Hawks, aunque entonces no sabía quién era el director".

Los recuerdos personales y el cine se mezclan en la memoria de Cabrera, un escritor que suele soñar películas. Cuando se fue de Cuba, en 1965, se instaló en Madrid, pero se alegró de marcharse a Londres años después sobre todo por una cosa: el doblaje. "Estoy absolutamente en contra del doblaje", señala. "Es imposible ver las películas de los grandes actores sabiendo que ha desaparecido su voz. Actores como Humphrey Bogart, Cary Grant o Gary Cooper se basan en la conjunción de dos factores, la mirada y la voz. Es imposible renunciar a la voz".

En Londres, donde vive desde hace 31 años, Cabrera Infante aguanta con estoicismo la criminalización de uno de sus placeres preferidos (fumar puros) y asiste sorprendido al llanto nacional por la muerte de Lady Di. "Vivíamos en el mismo barrio", recuerda, "y ha sido un fenómeno extraordinario en la vida inglesa. Eran gente que yo creía indiferente y de pronto se han puesto todos a llorar. Es algo inusitado, algo que me ha recordado el entierro de Eva Perón. No tiene explicación y creo que tendrá secuelas políticas, humanas y religiosas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de septiembre de 1997