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El pacificador del Ejército

"Me hubiera gustado tener una sola vocación, pero me han interesado muchas cosas y he acudido a todas las que he podido". Lo confesaba el propio Oliart en 1988 a EL PAÍS Semanal. Abogado del Estado, directivo de Renfe, consejero de tres bancos, ministro de UCD en tres ocasiones, ganadero, presidente de los productores de cine, poeta, amigo de poetas y, ahora, escritor galardonado de memorias. Lo más extraordinario de Oliart no es la heterogeneidad de sus aficiones, sino el hecho de que nunca las abandone por completo. Casi 15 años después de su marcha del Ministerio de Defensa, en el que sólo estuvo 22 meses, Oliart sigue siendo un personaje familiar en aquella casa y no es difícil encontrarle en seminarios sobre las Fuerzas Armadas. Bien es verdad que le tocó mandarlas en uno de los momentos más difíciles: la resaca del 23-F. El juicio de Campamento fue,en buena medida, obra suya y aunque muchos criticaron entonces que el banquillo de los acusados se quedase corto, lo cierto es que, cuando el PSOE llegó al poder, el riesgo de golpe estaba conjurado, o casi. Sus colaboradores de entonces recuerdan que sus modales corteses no le impedían dar un puñetazo en la mesa, si hacía falta. "Ministro, no hará usted eso...", le dijo un jefe militar en una tensa reunión. "Mientras sea ministro, haré lo que tenga que hacer y ni usted ni su ejército podrán impedírmelo", contestó. Recomendó a Felipe González el nombramiento de Narcís Serra, a quien asesoró amistosamente durante años, lo mismo que a sus sucesores socialistas, Julián García Vargas y Gustavo Suárez Pertierra. Respecto al actual ministro, Eduardo Serra, baste decir que fue Oliart quien lo nombró subsecretario de Defensa. Pero todo eso, seguramente, lo contará él mismo en la segunda parte de sus memorias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de septiembre de 1997