La reforma de la ortografía alemana provoca sentencias contradictorias

Hace poco más de un año, después de más de una década de discusiones, las autoridades educativas de Alemania, Suiza, Austria y los países con minorías de lengua alemana suscribieron una declaración en la que acordaban reformas ortográficas destinadas a simplificar el aprendizaje del idioma.La celebración del acuerdo no duró mucho. En agosto, un maestro llamado Friederich Denk presentó una declaración contra la reforma ortográfica firmada por 100 escritores. Entre ellos estaban Günter Grass y Hans Magnus Enzensberger, que anunciaron que impedirán que en sus libros se introduzcan las nuevas reglas.

Los ministros de Educación de los Estados federados alemanes rechazaron la crítica de los intelectuales y aseguraron que su oposición había llegado demasiado tarde. Pero las protestas no cesaron. En varios Estados federados se organizaron iniciativas populares contra la reforma. También en la Cámara Baja (Bundestag) un grupo de parlamentarios de varios partidos se manifestó contra la nueva ortografia.

La lengua 'neutral'

Los Estados federados se mostraban firmes, pero las editoriales escolares, que habían invertido mucho dinero en libros adecuados a la nueva ortografía, empezaron a temer que los rebeldes terminaran parando la reforma.La primera victoria de los enemigos de la simplificación ortográfica la obtuvo un padre de familia de Hesse que logró el pasado 29 de julio que un tribunal ordenara no aplicar la reforma en las escuelas de ese land, al considerar que afecta al derecho de educar libremente a los hijos. Sin embargo, un día después, una madre de Turingia perdió un caso similar en un tribunal de Weimar, que sentenció que sólo se afecta el derecho a educar libremente a los hijos cuando se tocan "aspectos religiosos, ideológicos, éticos o políticos" de la educación y no cuando se trata de "contenidos neutrales".

Si la lengua es un contenido "neutral" de la enseñanza, como cree el tribunal de Weimar, los Estados federados tendrían derecho a imponer la reforma con una simple resolución. Pero si, por el contrario, no es un contenido "neutral", sino relacionado con metas fundamentales de la educación, como cree el tribunal de Hesse, la reforma necesitaría una ley para ser legitimada democráticamente.

Según los observadores, la disputa sobre la reforma ortográfica llegará tarde o temprano al Tribunal Constitucional de Karlsruhe, que tendrá que decidir si la lengua es o no un "contenido neutral". En caso de que no lo fuera, toda intromisión de las autoridades en la misma afectaría a los derechos fundamentales de los ciudadanos y no podría realizarse sin legitimación democrática.

En todo caso, la rebeldía de los intelectuales traería consigo -en caso de que al final la reforma ortográfica triunfara- la existencia de dos ortografías paralelas: una oficial, que se enseñaría en los colegios, y otra: la que seguirían escribiendo las máximas figuras de la literatura alemana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0031, 31 de julio de 1997.

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