La Legión española desembarca en Durres dentro de la operación de ayuda humanitaria a Albania

"Estamos aquí para ayudar al pueblo albanés en un momento de dificultad nacional, espero que así sea comprendido y que dentro de tres meses o alguno más podamos volver a casa dejando atrás a un país unificado y un Gobierno legitimado por unas elecciones aceptadas por todos". El ministro italiano de Defensa, Beniamino Andreatta, explicaba ayer con estas palabras los objetivos de la operación Alba, recién inaugurada bajo el mando de Italia y con la participación de 6.000 soldados de ocho países, entre ellos 325 españoles.

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Andreatta hizo estas declaraciones en el puerto albanés de Durres, a unos 40 kilómetros de Tirana, sobre la cubierta del buque de transporte de la Marina italiana San Marco. Eran las 12.30 y, en ese momento, junto al costado del San Marco, atracaban las dos primeras lanchas LCM-6 procedentes del buque español Aragón, con una avanzadilla de 82 legionarios.La acumulación de lodo en la bocana del puerto, comprobada por un equipo de buceadores, impidió que el Aragón, de ocho metros de calado, pudiese acceder al muelle y le obligó a permanecer fondeado a 2,5 millas (4,5 kilómetros), desde donde lanzó tres oleadas de lanchones con buena parte del Grupo Táctico Serranía de Ronda.

Fue, según recordó el teniente coronel Enrique Alonso Marcili, la primera operación anfibia de la Legión desde el desembarco de Alhucemas, en 1923. Claro que ayer los legionarios no iban a vengarse de las cábilas rifeñas rebeldes por el desastre de Annual, sino a proteger el reparto de ayuda humanitaria en el país más pobre de Europa, el único precisamente de religión musulmana, si se exceptúa el aún incierto Estado de Bosnia-Herzegovina.

El día era soleado y el ambiente que se respiraba en Durres de tranquilidad, cuando no apatía, ante la llegada de las tropas extranjeras. Sólo los niños se acercaron al puerto para curiosear. Con las primeras luces del día atracó el buque francés Orage, con 450 soldados de las Fuerzas de Acción Rápida, que tomaron posiciones en los puntos estratégicos del puerto para garantizar su seguridad. Luego desembarcaron 270 paracaidistas italianos y finalmente los legionarios españoles, 286 en total, entre los que llegaron en lanchones desde el Aragón y los que bajaron del buque anfibio Hernán Cortés, que gracias a su falta de quilla sí pudo atracar.

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La aparente calma reinante no sólo en Durres sino en casi todo el país, tras el caos que provocó la revuelta popular a principios de marzo, con un balance oficial de al menos 200 muertos y 700 heridos, no significa que la operación esté exenta de riesgos. De las más de 150.000 armas robadas de arsenales del Ejército, sólo 10.000 han sido devueltas.

El primer ministro albanés, Bashkini Fino, agradeció ayer públicamente la llegada de las tropas multinacionales. Marcili subrayó que la contribución española es una muestra de solidaridad. Así lo entendieron no sólo los albaneses, sino sobre todo Andreatta, quien exhibió la presencia de los legionarios ante los numerosos periodistas italianos para demostrarles que la operación no es un asunto unilateral de su país, sino de toda la comunidad internacional.

Sobre la firma

Miguel González

Responsable de la información sobre diplomacia y política de defensa, Casa del Rey y Vox en EL PAÍS. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en 1982. Trabajó también en El Noticiero Universal, La Vanguardia y El Periódico de Cataluña. Experto en aprender.

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