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47º FESTIVAL DE BERLÍN

En tiempos de la 'malaria'

, La malaria, nombre que en muchos países de América Latina se emplea para definir las situaciones de crisis económica, ha atacado este año a la Berlinale. Afectada por los recortes presupuestarios alemanes, la organización del festival de cine cobra 50 marcos (4.200 pesetas) a los periodistas por la acreditación; se han suprimido las traducciones al ruso y el español, que deben considerar lengua de segunda categoría, y los ases del cóctel lo tienen muy mal, porque esos jolgorios han quedado anulados. Para completar la faena, la empresa telefónica alemana Telekom ha decidido esquilmar a sus clientes en el centro de prensa con una subida de precios del 80%.

Los europeos le echan la culpa a Maastricht, pero los latino americanos que acuden a Berlín saben que esto no es otra cosa que la malaria.

En un papel, rosa por supuesto, la Berlinale constata poco menos que la quiebra de la economía alemana: "Como usted sin duda conoce a través de los despachos de agencia, la economía alemana atraviesa una fase difícil. El Estado afronta un déficit que supera todas las marcas. Esto también afecta a nuestro festival". A continuación, se comunica el cobro por acreditación, que sólo habrá traducciones al inglés y francés y la anulación de todas las recepciones.

Más pecado tiene lo de Telekom. En el contrato para usar los teléfonos se tachó el precio anterior por cada salto, 0,20 marcos (17 pesetas), y aparece, escrito a bolígrafo, el nuevo de 0,36 marcos (30,35 pesetas). Nada más que un 80% de subida. No deja de tener cierta gracia perversa que hace cinco días, en la cumbre de ministros de Hacienda del grupo de los siete países más ricos del mundo en Berlín, el precio era de 0,20 marcos. No cabe duda de que Telekom se preocupa por fomentar la cultura con el castigo al cine.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de febrero de 1997