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TRIBUNA

Lírica cartesiana

Nacida en un pueblo de la provincia de Poznan en 1923 y afincada desde 1931 en Cracovia, Wislawa Szymborska está considerada como una de las figuras más representativas de la poesía contemporánea polaca. Debutó en 1945 con Busco la palabra, si bien su nombre no se dio a conocer hasta 1952, fecha de la edición de su primer tomo de poesías, Por eso vivimos. Tanto éste como el volumen siguiente Preguntas planteadas a una misma (1954) se inscriben en la corriente historicista, inscrita, a su vez, merced a la época y al espacio geográfico, en el realismo socialista imperante.Szymborska se deja seducir entonces por la poderosa voz de Maiakovski y, tras vivir el horror de la ocupación alemana, abomina de la injusticia "estadística" de Hitler y se pronuncia a favor de la justicia comunista, aunque también sea "estadística".

El pensamiento y, en consecuencia, la poesía de Szymborska cambia a raíz de los acontecimientos de 1956. El informe de Jruschov pronunciado en el 20º congreso del PCUS sacude la conciencia colectiva de los polacos y muy especialmente la de la intelligentsia. Publicado en 1957, Llamada a Yeti viene a ser una especie de ajuste de cuentas con el dogmatismo del pasado reciente, pero, lejos de buscar una autojustificación, la poetisa se acusa a sí misma del "equilibrio espiritual entre una verdad comprobada y otra sin comprobar". Las obras que siguen, Sal (1962), Cien consuelos (1967), Si acaso (1972), Gran número (1976), Gente en el puente (1986) y Fin y principio (1993), muestran una Szymborska que, sin abandonar la vertiente historicista, se inclina hacia planteamientos existencialistas.

En una lírica impregnada de una "duda metódica" cartesiana por un lado, y de la gran fuerza de su naturalidad por otro, Szymborska desgrana sus dos preocupaciones fundamentales: la situación existencial del hombre y la actitud del hombre hacia la historia. Su estilo no es moderno; lo es su pensamiento. La suya no es una poesía innovadora desde el punto de vista formal. No es vanguardista ni tampoco moralista, como quiere la tradición. "Simplemente es perfecta" como la calificó Artur Sandauer.

Ágata Orzeszek es profesora de Lengua y Literatura rusas en la Autónoma de Barcelona

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de octubre de 1996