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ALTO EL FUEGO EN LÍBANO

Miles de refugiados libaneses regresan a sus devastados hogares tras cesar los bombardeos

Partieron al alba rumbo al sur, de regreso a sus aldeas, con miedo de hallar sólo ruinas. Para muchos del casi medio millón de refugiados libaneses que huyeron de las bombas israelíes, el viaje de vuelta fue precisamente una confirmación de sus temores. Los 16 días de la Operación Uvas de la Ira han recordado a los libaneses que, a la hora de las represalias israelíes, sus casas, sus aldeas, sus caminos, son tan frágiles como sus vidas. En la gran operación de retorno iniciada ayer inmediatamente después de la entrada en vigor del alto el fuego entre Israel y la guerrilla de Hezbolá, decenas de miles de libaneses colapsaron con sus vehículos la única y angosta ruta que lleva hacia el sur.

El atasco en la carretera costera fue monumental. Entre las interminables columnas de coches cargados con colchones, la alegría que transmitían desde las ventanillas los rostros de hombres, mujeres y niños era la mejor ilustración de la confianza popular en que el alto el fuego acordado el viernes va a durar.Por eso, Hasan al Huseini, su mujer y sus cuatro hijos ansiaban regresar a su hogar en la aldea de Arab Salim para ver si todavía tienen un techo donde cobijarse. Un pastor llamado Abás Jayan se preguntaba qué suerte habrán corrido sus cabras y ovejas desde el día que tuvo que huir de su villorrio de Yater. El comerciante Alí Mansur no se hacía ilusiones. Un periódico publicó hace dos días una fotografía del estado en que quedó su tienda de ordenadores, situada en la principal calle de de Nabatiye, alcanzada por un proyectil de artilllería de 155 milímetros. No queda ni el letrero.

Y en el atasco había cierta atmósfera de euforia que venía a confirmar la sensación de que en esta guerra los israelíes se han vuelto a quemar los dedos en Líbano. "Nunca podrán con nuestro país", dijo con sonrisa triunfal un hombre que retornaba a su casa, en la aldea de Tibnit, en un autobús del Ejército libanés.

No todos pudieron llegar a su destino anoche. Los estragos causados por los bombardeos en las vías de comunicación impedían el avance de los convoyes, a pesar de los improvisados caminos abiertos por la fuerza de paz de las Naciones Unidas entre huertos de olivos y naranjos. Eran vías demasiado rudimentarias para los destartalados coches de los campesinos. Al volante de un viejo Peugeot blanco, un libanés le restaba importancia a la magnitud de los daños materiales causados por los miles de proyectiles israelíes que machacaron implacablemente el sur de Líbano. "Todo tiene arreglo", decía, "y, además, ya estamos acostumbrados a reconstruir".

Guerrilla intacta

"Israel no ha conseguido nada. El poder de Hezbolá sigue intacto y ahora va a concentrar su lucha contra los soldados israelíes dentro del territorio libanés", profetizaba un joven topógrafo shií sin el más mínimo intento de disimular su. admiración por la guerrilla proiraní. "No estoy plenamente de acuerdo con Hezbolá. No quiero que Líbano sea una copia de Irán. Pero si Hezbolá sigue presionando a Israel para que abandone nuestra tierra, entonces cuenta con mi apoyo".Ayer resultaban todavía inciertas las medidas que el Gobierno libanés va a. adoptar a fin de evitar que Hezbolá vuelva a lanzar cohetes Katyusha contra el norte del Estado judío. Se fía, sin duda, de la palabra de los líderes de la guerrilla, que se han comprometido a suspender los ataques al sur de la frontera. Pero los términos del alto el fuego no prevén una tregua en la guerra de la franja ocupada que Israel define eufemísticamente como su zona de seguridad. La artillería israelí reanudó ayer mismo la rutina de los disparos de mortero en dicha zona, según informó un portavoz militar en Jerusalén.

Una gran parte de los analistas libaneses opina que, al menos de momento, se puede pensar en una considerable reducción de hostilidades, principalmente para no irritar a Siria. El Gobierno de Damasco, principal factor de poder en Líbano gracias al despliegue de miles de sus soldados, no ha abandonado en ningún momento su apoyo a la lucha de los libaneses contra la ocupación israelí. Pero Síria podría utilizar el descanso de los artilleros israelíes y de los guerrilleros libaneses piara insistir, en el plano diplomático, que sus argumentos siguen siendo válidos: en Oriente Próximo es imposible concebir una paz duradera mientras persista la ocupación israelí de territorios árabes. Con énfasis, por supuesto, en la situación de los altos del Golán.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de abril de 1996

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