Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
ENTREVISTA

"Estoy contra todos los nacionalismo"

Kenzaburo Oé, Premio Nobel de Literatura 1994, defiende una posición antinacionalista y universalista respecto a su país, Japón. Es autor de libros como La presa, El grito silencioso o Cartas a los años de nostalgia, de próxima aparición en Anagrama.

Dos años después de recibir el premio Nobel de Literatura, Kenzaburo Oé, a quien se ha tildado de literato pesimista, expresa una moderada esperanza sobre el futuro del mundo -no tanto sobre el de su país, Japón, aunque no haya abandonado algunos de sus demonios familiares. Y, eso sí, el paso de los años le ha llevado a cimentar aun con mas garra las ideas. que ha defendido contracorriente desde sus tiempos de estudiante.Pregunta. Algunos le tachan de izquierdista, de querer destruir con sus actitudes políticas y su literatura las esencias del Japón eterno. ¿Lo considera un insulto, una crítica injustificada?

Respuesta. Si me califican de izquierdas porque defiendo una apertura universalista de Japón, no sólo no me molesta, sino que lo asumo encantado. Estoy contra todos los nacionalismos. Quiero desempeñar este papel que sirva para universalizar a nación. Lo peor para Japón es enquistarse en su nacionalismo. No sirve para nada. No ofrece ninguna esperanza de futuro para el país.

MÁS INFORMACIÓN

El discurso de Oé, incluso en sus respuestas Sobre los asuntos más trascendentes, se salpica regularmente de anécdotas y chascarrillos, un humor letal que le sirve de crítica propia y ajena. "¿Mi obrá es compleja y de difícil comprensión? Claro",afirma con rotundidad, "lo he escrito y lo reafirmo, algunos han dicho que la música de mi hijo les ayudaba a dormirse, yo en cambio les he asegurado que resultará más eficaz una novela mía".

Su hijo Hikari, discapacitado por una hidrocefalia, planea como un bálsamo pacificador sobre toda la obra de Cié, especialmente en Un asunto personal, y en la larga conversación mantenida en su casa de un tranquilo barrio residencial de la capital. Presente en el salón durante la entrevista, su padre interrumpe una y otra vez el flujo de las respuestas para ocuparse con mimo de él. "Pochan [diminutivo cariñoso], toca esa pieza de Tárregá". "Pochan, ¿cómo se dice arigato [gracias] en español?".

P. ¿Cómo acercarse a una literatura tan compleja desde una tradición cultural occidental tan diferente de la nipona?

R. Mire, Cervantes también es muy difícil. Leí El Quijote [en varias ocasiones volverá a asegurar que la obra cervantina fue uno de sus puntos de referencia iniciales] y me encantó porque es muy español y muy universal.

Son elementos que se encuentran con frecuencia en la cultura española. Lorca y Gaud íson dos ejemplos claros. Mi obra también tiene que entenderse en esta especie de contradicción: es muy japonesa, pero a la vez muy universal.

Alaba a Kundera como ejemplo de universalismo y desgrana un comentario que podría interpretarse como crítico sobre Kawabata, su compatriota Nobel, "muy japonés pero no universal". Analiza las raíces de su localismo y su universalidad con el uso de un triángulo geográfico. "Estuve en mi aldea de Khikoku [una isla del sur del archipiélago] hasta los 14 años, mis estudios se centraron en la literatura europea, aunque oficialmente fueran los de literatura francesa. Ahora vivo en Tokio. Pues bien, esos tres polos, mi aldea, Europa y Tokio, condensan mi universalismo y a la vez mi identidad japonesa como literato".

P. Como decía Ernesto Sábato, un escritor avanza en espiral, retoma los mismos temas, agrandándolos...

Oé se levanta ágilmente de su sillón, donde pasa la mayor parte de la jornada leyendo y escribiendo, para rebuscar entre sus pertenencias un sello diseñado por su esposa, que también está trabajando en el mismo salón, y lo estampa con orgullo indisimulado sobre uno de los borradores (le su trabajo. Dos conos invertido con sus vértices tocando las bases.1 R. Estos conos están basados en la filosofía de Platón y lo que dice Sábato se conjuga de alguna forma con este concepto y con mi propia experiencia. Nací en un puebl9o remoto,, donde absorbí las vivencias de mis padres y de mi abuela, elementos folclóricos y religiosos muy locales que han quedado intrincados en mi obra., Cuando vine a Tokio era como venir al extranjero. Recuerdo que en un examen en Tokio pedí una hoja a uno de los examinadores y como mi acento japonés pareció tan raro, éste se burlaba de mí diciendo que si venía de Taiwan.

El "maestro", como respetuosamente se le interpela en japonés, insiste otra vez en. la importancia que en su obra ejercieron los estudios de literatura europea en la universidad, aunque esta vez se explaya en su variante hispanoamericana, que admira y conoce detalladamente,

De hecho, comprende el castellano si se habla pausadamente.

"En la década de los setenta [en 1976 impartió cursos en el Colegio de México, fundado por exiliados republicanos españoles] leí mucha literatura española y admito que me influyó notablemente. Sin duda ninguna, más que la francesa o la norteamericana. En aquel momento significó un gran impulso para mí. Creo que tiene muchos aspectos en común con la literatura japonesa. Desde el primer momento que encontré a Vargas Llosa y García Márquez, siempre tuve la intuición de que. habitamos un espacio literario común".

Oé, vestido austeramente con una camisa negra de cuello Mao y una americana al estilo de los profesores de universidad norteamericanos, explica detenidamente su larga amistad de 20 años con los autores hispanoamericanos más populares. Sus anécdotas durante su estancia enMéxico, "pasé mucho tiempo en mi habitación leyendo, y Octavio Paz y otros amigos me tomaban el pelo diciendo que era un japonés muy aburrido y que me pasaba las horas muertas leyendo Historia de Genji [un clásico de la literatura japonesa]. No «a cierto, lo que leía eran autores hispanoamericanos". Los nombres de Carpentier, Carlos Fuentes, Juan Rulfo ("Pedro Páramo es extraordinaria") servirán para elogiar de manera especial a Vargas Llosa: "Quiero que el siguiente Nobel se lo den a él. Es más, estoy seguro que se lo van a dar".

P. Es evidente que usted tiene un aprecio considerable por la obra de los autores en castellano.

R. La cultura japonesa fue influenciada por la europea en el siglo XVI y la española fue la primera ventana. Personalmente, la lectura de El Quijote fue un descubrimiento fundamental en mis, tiempos de universidad. La segunda parte, de modo especial la conversación entre Sancho Panza y Don Quijote en la isla de Barataria, es inolvidable. Cervantes muestra cuál es la verdadera inteligencia del hombre. Nos enseña de manera genial quién es el verdaderamente inteligente y quién es el payaso y el héroe.

Oé confiesa que la lectura de El Quijote le causó tal impresión que elaboró un trabajo académico. "Donoso, Borges y Alfonso Reyes también son admirables, Y, cómo no, Octavio Paz, con el que me une una gran cordialidad". Las respuestas del escritor japonés son precisas, alguna vez titubea ante la pronunciación de los nombres extranjeros, ineludiblemente Gabriel García Márquez se convierte en trabalenguas, y sus monólogos de cuatro o cinco minutos solamente son interrumpidos por su interés en que. Hikari participe de alguna manera en la intromisión hogareña del periodista. "Pochan, ¿te acuerdas cuando pasamos por Aranjuez? Pochan, ¿cómo se llama el músico que escribió el Concierto de Aranjuez?".

P. ¿Por qué esta atracción por la literatura en español?

R. La literatura es un arte donde se conjuntan poesía, novela y filosofía. Esto ha existido antes, pero este tipo de literatura sólo existe ahora en países de habla hispana. Por ejemplo, Octavio Paz es poeta, filósofo y narrador Vargas Llosa es filósofo y novelista.

Aunque no lo manifiesta enfáticamente, Oé insinúa que una de las claves para entender su obra es también esa misma conjunción de literatura y filosofía.

Al recibir el galardón de la Academia sueca, Oé afirmó que se dedicaría durante unos años a leer, tras acabar la novela que estaba escribiendo entonces, cuyo título podría traducirse El árbol verde ardiente. Afirma que está cumpliendo su promesa.

P. ¿Ha cambiado su vida desde que recibió el premio?

R. Básicamente no ha cambiado. [Toma una tablilla muy trasteada donde apoya las hojas rectangulares cuadriculadas en las que escribe a mano los ideogramas nativos. Mira la reducida biblioteca de la pared como diciendo "aquí están mis poderes"]. Mi hijo compone en la sala, mi mujer diseña en la mesa del fondo y yo leo libros -en este sillón. Cada tres años me fijo como objetivo un autor extranjero. Ahora estoy centrado en Spinoza [en otro momento elogiará a Ortega y Gasset por su descripción de lo que constituye el ser humano y su conciencia, "conceptos de los que carecemos en Japón"]. Dentro de cinco años quiero, si encuentro una nueva forma de expresión, un tema nuevo, escribir otra novela. No quiero que tenga el mismo estilo que las de antes. Durante el año pasado apenas he escrito nada. Me he dedicado a leer y trabajar de cara al futuro. He estado absorbido por los eventos del 50º aniversario de la 1,1 Guerra Mundial [que Kenzaburo Oé no tiene empacho en denominar "guerra de invasión mpona"] y he tenido alrededor de 100 entrevistas, además de reuniones y conferencias. Ese acontecimiento, más que el Nobel, ha, cambiado mi existencia durante los últimos meses.

El humor aflora en la charla, junto con una elogiosa mención a este componente en la obra de su colega español, también galardonado con el Nobel de Literatura, Camilo José Cela. "Con el premio hablaron-mucho de mí, pero solamente un mes,- después se empezó a hablar más de la música. de mi hijo".

Aprovecha la vena humorística y su popularidad en el país para lanzar un dardo envenenado a algunos elementos de extrema derecha que le han criticado despiadadamente y han pedido con pasquines callejeros que se vaya del archipiélago. "Ayer fui a Ginza y en un poste de la luz estaba mi cara en un panfleto de Aikoku [partido de extrema derechal en el que se decía 'Derribemos á Kenzaburo Oé'. Ese papel llevaba allí mucho tiempo pegado, lo cual indica que es de buena calidad. Es una lástima que utilicen un papel tan bueno para esos menesteres".

P. ¿Por qué ese interés en Spinoza, que usted ha mencionado más de una veintena de veces durante nuestra conversación?

R. Me interesa su obra por la explicación que hace de la bondad y la maldad. Spinoza mide las actutaciones del ser humano en base a postulados éticos o políticos, sino en si algo es bueno para el hombre o para el mundo. Si una actuación da tristeza al hombre, si impide que libere su capacidad de alegría es malo. En cambio, el gozo, aquello que da capacidad para ser, feliz, es bueno.. Por ejemplo, Spinoza calificaría claramente de malvada una explosión atómica, porque no es bueno ni para el hombre ni para el mundo.

"Ahora tengo 60 años", añade Oé, "y dentro de 10 años quiero buscar mi respuesta acerca de lo que es la muerte, la vida, el universo, el ser humano. Spinoza es una base excelente para encontrar respuestas a esas inquietudes", afirma.

P. Le han acusado de pesimista en su obra, pero estoy obteniendo la impresión de que ese, pesimismo se está tornando en optimismo, o al menos diluyéndose con el paso del tiempo.

R.Es cierto que la primera parte de mi obra es pesimista, especialmente algunas piezas. También lo es el que ahora abrigo ciertas esperanzas, sin exageracion, sobre el futuro de Japón desde su vertiente social y política. En cambio, a nivel personal soy muy optimista por lo que concierne a mi hijo. Mació discapacitado, pero ha llegado a componer música- [con visible orgullo le llama para que hable del reciente premio que le acaba de otorgar una institución musical nipona por su disco compacto, del que se han vendido más de 100.000 ejemplares]. He escrito sobre él en mis novelas. Constantemente me hago preguntas sobre cómo puede vivir una persona con sus dificultades, cómo, tengo que apoyarlo como padre. Poco a poco quiero encontrar un camino que me ayude a superar ese pesimismo que destila mi obra inicial. Dentro de cinco años quiero escribir una gran novela, la última, donde se describa un mundo positivo, lleno de esperanza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de febrero de 1996

Más información

  • "Quiero encontrar un camino para superar ese pesimismo que destila de mi obra".