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Tribuna:Elecciones 3 de marzo

Estamos catatónicos

Lo que pasa es que ha dejado de fumar demasiada gente a la vez y el país se ha quedado sin neurotransmisores, esas sustancias encargadas de llevar la información de unas neuronas a otras y de proporcionar sensación de euforia en el sujeto. De otro modo no se entiende ni que estemos tan tristes (año de nieves, año de bienes, por favor), ni que sea tan difícil ponernos de acuerdo sobre la oportunidad de la detención de Idígoras. Yo, particularmente, lo que no entiendo es que José María Aznar se queje de que el Gobierno haya tardado 13 años en meter le mano a HB cuando él ha tar dado doce más uno en darse cuenta de que era. bueno hacerlo. Es más, uno recuerda a Aznar, en plan hombre de Estado, afirman do por la tele que su partido jamás haría de magogia partidista en un asunto como el que nos ocupa. Parece, en fin, que había un con senso político y social en el sentido de que era mejor tener a HB dentro de la tienda meando hacia fuera que fuera de la tienda meando hacia dentro. ¿Qué pasa, pues, para que el PP se escandalice retrospectivamente sumiendo al electorado en la duda, de si fue tonto antes por sumarse al pacto implícito o ahora por no renegar de él?Así que cojo un Marlboro seco que guardo en un cajón con el mismo instinto suicida de aquél, que esconde una pistola en la mesilla, doy una calada que me llega hasta los talones y, de súbito, el mecanismo neurotransmisor empieza a funcionar como una cafetera: "Estamos en campaña electoral, imbécil". De súbito, se pone en marcha ni capacidad asociativa y comprendo por qué al mismo tiempo que el perro de Jon sacaba a mear a Idígoras el doberman de Aznar se ponía a rebañar las entrañas del electorado en busca de ese voto visceral que se queda adherido al intestino grueso, o al delgado, y no aprovecha nadie. Es un voto que da asco ver, y tocar, porque procede de la zona ulcerada del tubo digestivo y está empapado en sangre y bilis, o sea en mala leche, pero vale tanto como el de Raimundo. Y como el de Botín.

Necesitamos urgentemente que los partidos nos muestren sus sondeos íntimos porque algo tiene que estar pasando para que Aznar, que saltó al ruedo con la intención de hacer una campana más limpia que los chorros del oro, se haya puesto a chapotear de esta manera en los desagües. O se enmienda o deja de decir lo de tender la mano: ¿Quién se la va a dar sabiendo dónde la mete antes de acudir al mitin?

Y con esto no digo que sea bueno fumar, sino que hay que dejarlo poco a poco para que los neurotransmisores y la euforia no te abandonen de golpe y te quedes catatónico, que es lo que nos pasa, que estamos catatónicos porque junto a la nicotina hemos perdido la sindéresis, la capacidad de distinguir a los buenos de los malos. En todo caso, la sanidad pública o la privada, según, deberían poner de acuerdo a los sectores sociales para que se turnaran en dejar de fumar: no hay nada más catastrófico que una sociedad sin euforia y sin neurotransmisores. Fíjense en EE UU, donde el electorado ha abandonado el tabaco de forma masiva y se han quedado tontos, de ahí que Buchanan suba a esa velocidad. El único en darse cuenta de lo que pasa ha sido Anguita: subtitula sus vídeos no porque considere que son de arte y ensayo, sino porque sabe que hemos dejado de fumar, como él, y nos cuesta dos veces comprender las cosas. La salud es de derechas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de febrero de 1996