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Un delirio novelesco

El Premio de la Crítica de Narrativa correspondiente a 1994 se ha resuelto, tras un apretadísimo final, a favor de Manuel Vázquez Montalbán. La escritura torrencial, desatada, poderosa de expresión y representación, de Almudena Grandes y su Malena es un nombre de tango (Tusquets) ha competido en pie de igualdad con El estrangulador (Mondadori), la brillante novela de Vázquez Montalbán. Todo un éxito de Grandes, a quien la crítica responsable deberá situar ya para siempre en el ámbito de la literatura canónica más rigurosa, despojándola de las connotaciones equívocas de Las edades de Lulú. Cien mil ejemplares lleva vendidos Malena..., y el pulso que ha sido capaz de sostener con un escritor de la entidad del premiado viene a confirmar que a veces los gustos del público y de la crítica pueden sintonizar. El ganador del Premio de la Crítica de 1994 ha sido, con toda justicia, Vázquez Montalbán, pero Almudena Grandes ha obtenido una indudable victoria moral.

El estrangulador es quizá la mejor novela del creador de Carvalho. Un autor tan comercial como él, disintiendo de las expectativas del mercado, ha escrito una novela difícil, densa, a veces hermética, en la que traza una metáfora de este final de siglo signado por el derrumbamiento de las ideologías de la salvación. El protagonista, un psicópata y asesino singular, es en realidad un pretexto mediante el cual se pone en tela de juicio el grotesco espectáculo del mundo contemporáneo. Lo grotesco es tanto una valoración del narrador como una técnica, una lente deformante y satírica que se aplica a la realidad del mundo actual. Un largo monólogo vertebra el texto, un monólogo Contradictorio que va de la "ensoñación fabulada" al reconocimiento de la culpa, del delirio redentor a la resignación y el entreguismo. Se configura así una alegoría mediante la cual Vázquez Montalbán ajusta las cuentas a la problemática y popperiana realidad que estamos viviendo.

Parodia grotesca y reflexión se imbrican en un texto profundo que sintetiza, en término novelescos y Poéticos, el estado de nuestro mundo, pues el delirio y el canibalismo de este loco actúan como imágenes refractadas de la realidad. Juega con la mitología cinematográfica, con la literaria y con la irónica mitología de la ciudad, Boston, que es todas las ciudades, incluida Barcelona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de abril de 1995