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Tribuna:

Impulso masculino y déficit democratico

La decisión alcanzada reciente mente por los representantes de los partidos políticos mayor¡tarios en el Parlamento español, no por más esperada ha sido menos- desastrosa. Era preciso cubrir las vacantes en una serie de instituciones políticas, el Consejo de Radio Televisión, el Consejo de Universidades y el Defensor del, Pueblo, y después de meses de negociaciones se nos ha ofrecido una lista de per sonas en la que no hay ninguna mujer. Las protestas no se han hecho esperar, e incluso a la hora de, las votaciones numerosas disputadas y senadoras de di ferentes partidos políticos se han, negado a apoyar con sus votos este acuerdo.No vamos a entrar en la cuestión de la capacidad o valía de las personas elegidas, que no ponemos en duda, sino en el significado de la exclusión genérica que tienen estás designaciones. Las mujeres españoles hemos asistido, una vez más, a la puesta en vigor de la cuota masculina del 100%. ¿Es que acaso se trataba de hacer nombramientos en ámbitos en los que, con la excusa de la tradición histórica, las mujeres no están todavía presentes? Justamente todo lo contrario. Las mujeres profesionales que trabajan en la Universidad son muy numerosas, y aún son más numerosas las mujeres que en ella son estudiantes; también hay una gran cantidad de mujeres profesionales con elevado prestigio en la prensa, en la radio y en la televisión. Por último, hay que señalar que, en los años de existencia de la institución, del Defensor del Pueblo, nunca había habido una unanimidad tan grande, entre los diferentes, partidos políticos, acerca del buen hacer profesional de la persona principal de la institución, que, casualmente, se trata de una mujer.

¿Cuál puede ser la explicación de que se haya llegado a esta decisión? Una podría ser el que la cuestión de género no es la más importante cuando se trata de designar personas para cargos de responsabilidad. Pero dicho argumento no se compadece con las numerosas declaraciones públicas, tanto del Partido Popular como del PSOE y de Izquierda Unida, en las que han defendido la participación política de las mujeres. Incluso. en el caso del partido socialista, hay un compromiso político de su último congreso de fomentar esa participación, obligándose a unos mínimos de presencia femenina en puestos de responsabilidad y a la consecución, a largo plazo, de la democracia par¡taria, es decir, de un equilibrio entre hombres y mujeres en las posiciones de decisión política.

Otra explicación sería el interpretar que estas declaraciones y estos compromisos pierden importancia cuando se pasan los periodos electorales y las mujeres dejan de ser, con la fuerza de, su voto, un grupo de presión política a tener en cuenta. Es verdad que todos los partidos dan más importancia a es tas cuestiones y señalan en mayor medida sus propósitos de incorporar mujeres en sus organizaciones y en sus puestos de representación cuando se dirigen a las mujeres en periodo de elecciones, pero, sin embargo, no creemos que sea intencionada la ausencia de mujeres por no estar en vísperas de elecciones. En las democracias modernas estamos, casi constante mente, en campaña electoral; primero, porque hay muchas ocasiones electorales de diferente nivel, y segundo, porque el valor de la actuación de los políticos se contrasta día a día en repetidas evaluaciones y en cuestas que van ofreciendo la apreciación o la desafección de la ciudadanía hacia ellos.

No, no creemos que estas explicaciones sean suficientes para entender la reciente metedura de pata. Si es cierto que revela falta de voluntad política de avanzar hacia la democracia paritaria, revela que a los negociadores la cuestión del género les parece secundaria. en relación al poder político y que además no han valorado el impacto, desde un punto de vista electoral, de relegar pública y notoriamente la imagen de las mujeres.

Ahora bien, ¿cuál podría ser la explicación de lo ocurrido si salvamos a los implicados de la mala voluntad de ofender a las mujeres y lo tomamos como una equivocación? La razón de lo ocurrido es que las mujeres son invisible s. Tomamos la idea del análisis que hace Germaine Greer en su libro más reciente. Las mujeres están por todas partes pero, según para qué, los hombres no las ven. Las mujeres se hacen invisibles a muchos varones, que no las pueden ver más allá de sus papeles de esposa, madre o amante. Las mujeres se les hacen transparentes sobre todo en sus méritos profesionales," en su capacidad política y en sus ambiciones de participación. Y ello les ocurre a muchos políticos que, en esta cuestión, más parecen vivir en el XIX que a finales del siglo XX y no entienden que las mujeres son un potencial enorme de capital humano, son más de la mitad de la población universitaria, son una parte. fundamental de la ciudadanía política y desean verse représentadas de forma equitativa en todas las instituciones del Estado.

Las mujeres feministas no hablaríamos de cuotas de participación política ni nos pondríamos pesadas con la exigencia de una democracia paritaria si la situación no fuera, ostentosamente, tan ofensiva a nuestras aspiraciones en el terreno político, que es el terreno simbólico por excelencia de la vida pública. El avance social y la transformación hacia una sociedad más equitativa pasa por una entrada de las mujeres en los espacios políticos donde se toman las decisiones que afectan a todos. Cada vez más, las mujeres vemos nuestra participación política como una responsabilidad y una obligación y, por lo tanto, se debería comprender que no estamos hablando sólo de reivindicaciones o derechos, sino de responsabilidades en las que tenemos que estar las mujeres.

Creemos que en esta ocasión a los negociadores de estos nombramientos se les han hecho invisibles las numerosas mujeres que, con amplios méritos profesionales, tenemos ya en nuestro país. Nos parece un error muy grave. Y querríamos advertir, que, en política, una de las virtudes fundamentales es la de apreciar la realidad, la de saber verla. Por ello no perdemos la confianza de que en próximas ocasiones no ocurra lo mismo. Creemos que los políticos deben hacer un esfuerzo por ver a las mujeres, por verlas más allá de la vida privada y aun fuera de los períodos electorales. Habrá próximas ocasiones, hay numerosas instituciones para las que habrá que designar personas y esperamos que en ellas vaya desapareciendo esa costumbre, tan excesiva, de reservar el 100% de los puestos para los hombres..

Firman este artículo, junto con Inés Alberdi Elena Arnedo Duca Aranguren, Delia Blanco, Carlota Bustelo, Mila Candela, Pilar Escario, Concha Jiménez, Carmen Martínez Ten, Petra Mateos, Ana María Ruíz Tagle, Lucía Ruano, Paloma Saavedra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de noviembre de 1994