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ECOLOGÍA

Enresa fija en 54.000 millones el coste de desmantelar la nuclear Vandellós I

El coste del desmantelamiento de la Central Nuclear Vandellós I, clausurada a raíz de un incendio en octubre de 1989, será de 54.000 millones de pesetas, de acuerdo con el proyecto de desmantelamiento presentado por la Empresa Nacional de Residuos (Enresa) al Ministerio de Industria el pasado 28 de mayo, La operación se hará con cargo al Fondo de Gestión de Residuos, formado con el 1,2% de la tarifa eléctrica cobrada a los consumidores, según indicó ayer el director general de Enresa, Alberto López, en Tarragona.Del coste total, 12.000 millones de pesetas corresponden al desmantelamiento del Nivel 2, que Enresa hará entre 1996 y el año 2000. Esta operación consiste en demoler todas las dependencias de la nuclear, excepto el edificio que contiene el reactor, la zona más contaminada. Con ello se liberarán 10 de las 13 hectáreas de terreno que ocupa la central. Después se dejará que la radiactividad de la instalación decaiga durante un periodo de 25 a 30 años, y se iniciará la demolición total. Este desmantelamiento, de Nivel 3, dejará antes del 2050 totalmente libre el terreno, y tiene un presupuesto calculado en 42.000 millones de pesetas. Este coste, podría variar, puesto que se trata de operaciones a largo plazo y que se harán en condiciones de radiactividad y desarrollo técnico aún desconocidas.

Residuos

El desmantelamiento generará 150.000 metros cúbicos de residuos, de los que sólo 2.000 son radiactivos, de baja y media actividad. Los residuos de alta actividad, el combustible gastado, es retirado actualmente por la empresa propietaria, Hifrensa, que dejará el reactor vacío antes de fin de año. Este combustible se envía a Francia para su reprocesado, y el residuo vitrificado volverá a España cuando se haya construido un almacén definitivo de residuos de alta actividad, nunca antes del 2020.Los 2.000 metros cúbicos de residuos de media y baja actividad se depositarán en el almacén de residuos radiactivos de El Cabril (Córdoba), que tiene una capacidad para 35.000 metros cúbicos, o en otros similares que Enresa pueda construir en el futuro. Queda por resolver el problema del grafito contaminado, un residuo de media actividad para el que aún no hay un tratamiento acordado en el plano internacional, y se confinará con el reactor hasta desarrollar la técnica más adecuada de tratamiento.

El Ministerio de Industria debe aprobar el plan en un plazo de 18 a 24 meses, previo estudio del Consejo de Seguridad Nuclear. A principios de 1996, Enresa se hará cargo de la gestión de la central, que en ese momento dejará de ser formalmente una nuclear, y de estar afectada por el Plan de Emergencia Nuclear de Tarragona. En la práctica, con la retirada de todo el combustible, a fin de año, el riesgo radiactivo desaparecerá.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de junio de 1994