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1.200 ciervos de la reserva del Saja serán abatidos en cacerías hasta abril

Sobran 1.200 de los 3.000 ciervos censados en la reserva cinegética del Saja (Cantabria). Ése es el número de animales que serán abatidos desde este mes hasta abril, a consecuencia de la superpoblación que registra la especie en un territorio que abarca la mitad occidental de esta región. En las primeras tres monterías celebradas han caído ya 41 ejemplares.Aunque son 30 los términos municipales enclavados en la reserva, las monterías para exterminar los animales excedentes sólo se autorizan en siete ayuntamientos -Bárcena de Pie de Concha, Arenas de Iguña, Cieza, Ruente, Los Tojos, Campoo de Suso y Cabuérniga-

El ciervo fue introducido en la reserva del Saja entre 1949 y 1954. Procedía de una finca de Toledo, de donde partieron 11 machos y 25 hembras. La reserva del Saja se creó en 1948, aunque no se legalizó definitivamente hasta 1966.

En los ayuntamientos escogidos para las monterías, 20 en total con 259 puestos, han tenido lugar durante estas semanas las subastas. En algunos casos se ha partido de un precio de 1,2 millones de pesetas, aunque el tipo de arranque en Ruente costó 700.000.

En la década de los ochenta, un prolongado y muy duro temporal de nieve dejó en manos de la naturaleza la selección de los ciervos más viejos y débiles. Unos 400 ejemplares murieron en sólo 15 días a causa de las bajas temperaturas y dificultades para la alimentación.

El propósito de la Consejería de Ganadería es reducir el número de ciervos a densidades razonables y aminorar así los daños que una población exagerada de la especie, como ahora ocurre, pueda ocasionar daños en fincas dedicadas a actividades agrícolas.

La Asociación para la Defensa de los Recursos Naturales de Cantabria (ARCA) manifestó en su día estar de acuerdo con la decisión adoptada sin perjuicio de considerar que matar 1.200 ciervos en sólo tres meses es una carnicería. La ARCA es partidaria de regular las batidas en el futuro para evitar la sobrecarga que últimamente se ha dejado sentir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de febrero de 1994