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Crítica:CINE: 'EN EL FILO DE LA DUDA'

Historia del Sida

No suele ser habitual que el tema de una novela, una obra de teatro o una película sea alguna enfermedad, por el rechazo que puede provocar en buena parte del público. Las muy peculiares características que tiene el sida, la gran epidemia de este final de siglo, hace que poco a poco se vaya convirtiendo en el eje de algunas producciones norteamericanas.En el filo de la duda está planteada como una película de divulgación, en buena medida didáctica, que trata de exponer de la forma más directa posible lo -que se ha ido sabiendo del sida desde que se detectaran los primeros casos de una extraña enfermedad mortal a comienzos de la década de los ochenta en África. Para ello elige el habitual esquema, dentro del cine norteamericano, del héroe que debe enfrentarse a numerosos enemigos para salir triunfador de la empresa, con la diferencia que en esta ocasión el final queda bastante lejos del habitual happy end.

And the band played on

Director: Roger Spottiswoode.Guionista: Arnold Schulman. Fotografia: Paul Elliot. Música: Carter Burwell. Estados Unidos, 1993. Intérpretes: Matthew Modine, Alan Alda, Phil Collins, Ian McKellen, Lily Tomin, Richard Gere, Anjelica Huston y Steve Martin. Estreno en Madrid: Gran Vía, Carlos III, Minicines, Peñalver, Aragón, España, Ideal (versión original subtitulada).

El joven doctor Don Francis no sólo viaja a África para descubrir los cadáveres de los primeros muertos por lo que más tarde un grupo de médicos decide llamar sida, sino que ya en Estados Unidos y cuando la enfermedad comienza a propagarse a gran velocidad, debe enfrentarse con. la prensa, con la opinión pública, con la administración de Ronald Reagan y, sobre todo, con. los grandes intereses de los propios médicos. Tanto los que tratan de impedir nuevos y costosos controles para sus productos sanguíneos, como los que compiten por llevarse la gloria, por descubrir una vacuna con la que, no sólo combatir la enfermedad, sino también hacerse millonarios.

Esta tradicional lucha del héroe positivo contra todo tipo de barreras para cumplir su misión, una especie de llamada casi divina, rebaja el tono de En el filo de la duda. Dado que al no tener el joven médico protagonista vida privada, limitarse a comer un donuts de vez en cuando, el relato adquiere unas características casi hagiográficas. Sin embargo, da una gran fuerza dramática: al conjunto que hace que se sigan con interés, a lo largo de casi dos horas y media, la exposición divulgativa de lo que hasta hoy ha ocurrido y se sabe del sida.

Basada en un libro del periodista Randy Shilts, convertido en ungran éxito de ventas de Estados Unidos a finales de los ochenta, Arnold Schulman ha escrito un hábil guión. Mezcla bien la esturctura del héroe que acepta cumplir una misión más allá de sus posibilidades, con un cierto tono documental, reflejado en el abundante material televisivo empleado, y sobre todo el, tono didáctico que envuelve el producto.

Más discutible resulta la realización de Roger Spottiswoode, un canadiense que tras una etapa como montador desde 1980 ha dirigido una decena de producciones norteamericanas, entre las que, sólo destaca Bajo el fuego (1983). En la medida que se limita a rodar el sólido guión que se le ha encomendado como si fuese cualquier telefilme, buscando la eficacia más directa posible, pero sin ningún tipo de aportación personal. Aunque, al parecer, Spottïswoode sólo aparece como responsable final y firmante de la dirección, pero la película ha pasado anteriormente por otras muchas manos.

En el amplio y eficaz reparto, destaca el trabajo de Matthew Modine, que consigue dar toda la humanidad posible al heroico doctor Don Francis, bien secundado por Alan Alda, que también hace creíble a su despreciable contrincante, y un amplio grupo de eficacísimos y tradicionales actores secundarios. Merece especial mención la breve aparición de los famosos Richard Gere, Anjelica Huston, Steve Martin, etcétera, en meros papeles episódicos.

Tras un escalofriante final, con una serie rótulos que explican el alcance del sida y las proporciones que puede tener en un futuro cercano, resulta ridícula la cancioncita sobre imágenes de víctimas de la enfermedad y simpatizantes que cierra la película.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de enero de 1994