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Pinochet pide amnistía total en Chile para los crímenes contra los derechos humanos

El comandante en jefe del Ejército de Chile, el ex dictador Augusto Pinochet, ha reclamado, por primera vez de forma abierta, en una entrevista que publicó ayer el diario conservador chileno El Mercurio, una "ley de punto final" para todos los delitos contra los derechos humanos cometidos durante los 17 años de dictadura. Las declaraciones de Pinochet llegan cuando Chile apenas se despertaba con la resaca del 20º aniversario del golpe militar. Fue la jornada más violenta que vivió el país desde el retorno de la democracia. Los disturbios causaron dos muertos, 52 heridos y 158 detenidos.

Pinochet pide en la entrevista de El Mercurio una amnistía total, que amplíe la que se autoconcedió la Junta Militar para los delitos cometidos hasta 1978. Según Pinochet, la solución para el problema de los delitos contra los derechos humanos sería "terminar con una ley de amnistía, una ley de punto final y se pasa de inmediato a otra etapa". Esto le parece a Pinochet "el ideal, porque se partiría de cero".Reitera Pinochet su intención de permanecer en su puesto al frente del Ejército: "Estoy defendiendo a mi gente y la seguiré defendiendo". De forma categórica, rechazó Pinochet la posibilidad de que el Ejército pida perdón por lo ocurrido durante la dictadura.

Admite Pinochet que se comentieron excesos, cuando reconoce que hubo desaparecidos en los regimientos militares: "No lo niego, pero en la guerra suelen ocurrir tantas cosas". Y agregó: "En una guerra irregular lo que pasa es que no se cumple con las leyes de la guerra".

Las declaraciones de Pinochet ponen de manifiesto la existencia de posiciones irreconciliables con el Gobierno democrático, que pide de las Fuerzas Armadas un gesto, como pedir perdón, para dejar abiertas las puertas a una amnistía. También insiste el general Pinochet en la permanencia al frente del Ejército, el mismo cargo que desempeñaba hace 20 años, cuando dio el golpe contra el Gobierno de la Unidad Popular.

El Gobierno chileno está condenado a continuar la difícil lidia con Pinochet y al mismo tiempo deberá tratar de restañar las consecuencias de la violenta celebración del 200 aniversario del golpe. Las manifestaciones congregaron a poca gente. En los momentos de mayores concentraciones no se llegaron a reunir más de 3.000 personas, pero participaron grupos organizados y dispuestos para provocar violencia.

Los carabineros respondieron con la misma brutalilidad que los caracterizó durante la dictadura. Allí murió un transeúnte de casi 70 años, atropellado por un guanaco, el vehículo policial que lanza agua contra los manifestantes.

En el cementerio se produjo una batalla campal en las inmediaciones de la tumba del presidente Allende. Los carabineros dispararon con balas en unos incidentes en los que se ignora cuál fue la chispa desencadenante. Murió de un disparo un militante de la Juventudes Comunistas de 19 años. En actos de vandalismo los manifestantes profanaron las tumbas de los ex-presidentes Eduardo Frei y Jorge Alessandri y del senador pinochetista Jaime Guzmán de la Unión Demócrata Independiente (UDI).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de septiembre de 1993