Los alimentos biotecnológicos, a punto de 'invadir' los supermercados en EE UU

Un organismo oficial de Estados Unidos ha planteado a los consumidores por primera vez la conveniencia de incluir en las etiquetas de los alimentos las sustancias utilizadas para obtenerlos. La decisión final la tomará un consejo asesor externo al Gobierno en el que están representados los consumidores y se refiere a la hormona BST (somatotropina bovina), producida por ingeniería genética, destinada a incrementar la producción de leche en las vacas.

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Una polémica similar se registra en torno a la treintena de alimentos modificados genéticamente que esperan la luz verde para empezar a venderse en los supermercados de EE UU, donde hace pocos meses han entrado los primeros alimentos irradiados. Son tres aspectos distintos de un mismo fenómeno: la evolución de los alimentos para el consumo humano.Europa espera la decisión estadounidense sobre los productos biotecnológicos para permitirlos o no, pero autoriza desde hace años la irradiación de algunos productos, como las cebollas, para prolongar su vida, y estos alimentos se venden normalmente, mientras en EE UU debe constar en la etiqueta el proceso a que han sido sometidos. En cuanto a la hormona BST, la moratoria impuesta por la CE sobre su uso termina al final de 1993.

El organismo que controla los alimentos en EE UU (la FDA) no ha aprobado todavía el uso de esa hormona -una versión obtenida en laboratorio de la que se da de forma natural en las vacas- que aumenta hasta en un 25% la producción lechera. Cuatro empresas químicas de ese país han invertido más de 60.000 millones de pesetas en su investigación y desarrollo.

Parte de la oposición a la hormona se basa en que su uso causaría la quiebra de los pequeños ganaderos, ya que las" grandes explotaciones producirían mucha más leche, cuando ya hay superávit, que además en EE UU es subvencionado por el Gobierno. Ésta es la principal razón de la moratoria sobre su uso vigente en Europa. El hecho de que conste en las etiquetas, según partidarios y detractores de la hormona, hará la leche obtenida con su uso menos atractiva para los consumidores. Las encuestas entre éstos muestran un gran rechazo hacia la hormona y el deseo de que conste en las etiquetas. Lo mismo pasa con los alimentos biotecnológicos.

Enfermedades en las vacas

Los detractores de la hormona creen que los consumidores tienen derecho a saber si se ha utilizado para producir la leche porque causa más enfermedades en las vacas, lo que llevará al aumento en el uso de antibióticos, que se transmiten a la leche. También se produce más factor de crecimiento de la insulina en la leche, con posibles efectos sobre el crecimiento de los huesos y sobre el hígado, y la leche tiene más grasa, lo que afecta a su calidad nutritiva.

Directivos de la empresa Monsanto afirman que la BST no cambia la composición de la leche y que las etiquetas confundirán al consumidor. Citan una encuesta que indica que el 43% de los consumidores creen que con la BST la leche es diferente y que presenta riesgos. El comité sobre productos veterinarios medicinales de la CE dictaminó el pasado mes de enero, a petición de Monsanto y Eli Llily, que la BST cumple los criterios tradicionales (le calidad, seguridad y eficacia para su comercialización, aunque indicó la necesidad de que la hormona sea suministrada bajo control veterinario. El 30 de junio se debe pronunciar la Comisión, cuyo informe final será sometido al Consejo y al Parlamento europeos. Michael Jacobson, director de una organización de consumidores, cree que se debe exigir a todos los productores de alimentos biotecnológicos que los registren en la FDA para que ésta pueda saber a qué atenerse si se producen problemas en el futuro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 23 de mayo de 1993.

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