Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Martin Amis: "Hay que narrar el holocausto de una manera diferente"

Martin Amis (1949) -autor de novelas como El libro de Raquel (1973), Dinero (1984) y Campos de Londres (1989), considerado otrora como el enfant terrible de la narrativa británica- presenta hoy en el Instituto Británico de Barcelona su última obra, La flecha del tiempo (Anagrama). La novela supone un tour de force estilístico en el que Amis se enfrenta al reto de narrar al revés la vida de un médico que estuvo implicado en el campo de exterminio de Auschwitz."Cuando escribes sobre el holocausto", explicó Martin Amis en rueda de prensa, "la idea inicial respecto a este tema es que se trata de un horror irrepetible del que sólo fueron capaces los nazis. Sin embargo, acabas por darte cuenta de que es una falsa idea, ya que se trata de una tendencia del mundo y no sólo de los alemanes. El holocausto fue alemán en su estilo, fue una barbarie de rostro moderno, pero los que lo hicieron eran tan humanos como alemanes".

¨Lo que he intentado en La flecha del tiempo", añadió Amis, "es recordar el holocausto como algo que evoluciona. Estamos en un momento especial respecto a este tema, ya que pronto no quedarán supervivientes y las imágenes terribles del holocausto perderán la fuerza que tenían. Primo Levi está muerto, y otros escritores que fueron testigos del holocausto también, y es por ello que los escritores tenemos que narrar el holocausto de manera diferente".

Amis añadió que había querido escribir con ironía sobre el holocausto, ya que los nazis tenían mucho de ridículos. Preguntado por qué había optado por narrar la vida del doctor al revés explicó: "Es una hipótesis científica seria que el tiempo se invertirá cuando llegue el fin del universo. Me parecía que era una idea para un cuento, pero después de leer The Nazi Doctors, de mi amigo Robert Jay Lifton, quedé sorprendido de lo que contaban los médicos nazis que entrevistó. Mientras leía ese libro vi que si invertía el tiempo conseguiría algo muy irónico. Fue una sorpresa descubrir que si inviertes el sentido del tiempo también inviertes lo que está bien y lo que está mal".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de marzo de 1993