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LA CIUDAD ALTERNATIVA

Conocimientos 'nuevos' de 3.000 años

Ignacio García salió de la Facultad de Medicina con la impresión de que él y sus colegas sabían diagnosticar muy bien las enfermedades. Pero lo de aplicar el tratamiento era otra cosa. "Elegí la acupuntura porque entre las alternativas era la más estructurada", dice. Intentó aprender aquí, pero cuando había asimilado un concepto, llega a otro especialista y le desmontaba la idea. Así que hizo las maletas y se pasó cuatro años en China para aprender a clavar agujas en determinados puntos energéticos y aliviar mejor el sufrimiento, según una escuela que tiene más de 3.000 años de historia. "La acupuntura funciona muy bien en problemas neurológicos", dice Ignacio. Mari Cruz Siria es una traumatóloga y acupuntora que ahora trabaja con dos médicos chinos en algo similar: las manipulaciones vertebrales, que se basan también en los puntos energéticos de la acupuntura. Está convencida de que sus dos especialidades son complementarias.Otra de estas especialidades alternativas, la homeopatía, es la ciencia de curar por lo semejante, al revés que la medicina convencional, que alivia las anginas a base de perseguir la bacteria que la causa con un antibiótico. Un sustancia, en ciertas dosis provoca síntomas en un hombre sano. Pero a otras dosis mucho más pequeñas, hace desaparecer los mismos síntomas en alguien enfermo. Samuel Hannemann formuló la base de este conocimiento a finales del siglo XVIII.

Viejo hospital

Arturo Jiménez, presidente de la Sociedad Hannemanniana Matritense, pretende buscar, en la larga entrevista inicial con el enfermo (más de una hora) los síntomas más característicos, llegar a saber de qué manera única reacciona su organismo. Y luego elige entre 2.000 sustancias naturales para darle su medicamento. En Madrid, dice, habrá un centenar de médicos homeópatas -"los que se inscribieron en un intento de hacer una sección en el colegio"- con diferentes opciones. Unos dan varias sustancias (pluralistas) y otros las dan de una forma compuesta (complejistas). Es ver al enfermo, y no sólo la enfermedad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 31 de enero de 1993