La intimidad genética y la manipulación de embriones preocupan a los expertos en bioética

La protección de la intimidad genética de las personas y la manipulación de embriones humanos son dos de los temas que más preocupan a los especialistas en bioética que se han reunido en Madrid. La Europa del futuro no tendrá sentido si a su estructura económica esencial no se añade una estructura ética que la equilibre, afirmó ayer Jean Bernard, experto francés. Se trata de pasar de la responsabilidad moral individual del médico o investigador al consenso social sobre las nuevas técnicas biológicas a través de amplios debates sociales y la armonización de las leyes.

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Los comités nacionales de bioética y órganos similares, que ayer se reunieron por primera vez, convocados por el Ministerio de Sanidad y el Consejo de Europa, no deben ser un tribunal que juzguen la ciencia ni tampoco un órgano legislativo, según la especialista canadiense Sonia Le Bris, sino un puente entre la sociedad y la legislación, un foro donde se pueden discutir los problemas. "Una de nuestras funciones es generar un amplio debate público", señaló a este periódico Else Marie Sejer, presidenta del Consejo Danés de Bioética, creado en 1988 por el Parlamento de Dinamarca. Los 16 miembros del comité son nombrados a partes iguales por el Parlamento y por el Ministerio de Sanidad, e informan a ambos organismos simultáneamente, "de forma que ninguno pueda meter los informes en un cajón y olvidarse de ellos", explicó Sejer."La bioética trata de evitar aspectos que atenten contra la dignidad humana", según Octavi Quintana-Trías, presidente del Comité de Bioética del Consejo de Europa, que no cree que pueda considerarse retrógrado evitar coacciones a la libertad como derecho fundamental: "Evitar el comercio en los trasplantes. y regular el consentimiento en la investigación con niños o enfermos mentales son algunos de nuestros objetivos".

Tarjeta genética

El genoma humano es el tema que más preocupa actualmente al comité danés, y sobre él ha empezado ya a trabajar también el del Consejo de Europa. "Vamos a la creación de una tarjeta genética, y unos la tendrán buena y otros mala, lo que puede generar una división de la sociedad si no se protegen los datos", explicó Sejer. Estos datos, que indican, por ejemplo, la tendencia a sufrir una enfermedad hereditaria, se pueden utilizar para elevar o no la prima de los seguros o como factor de discriminación laboral.

Según Quintana-Trías, existe consenso sobre las normas éticas que deben regir algunas áreas, fundamentalmente el trasplante de órganos y la investigación en seres humanos, pero hay otras respecto a las cuales el camino de la armonización europea va a ser largo y difócil. Una es el plazo durante el cual se puede experimentar con embriones creados en laboratorio. "Estamos de acuerdo en que después de los 14 días no se debe poder hacer nada con un embrión viable, pero entre los 0 y los 14 días las opiniones están muy divididas".

En Dinamarca, por ejemplo, hay una ley en discusión que prohíbe todo tipo de manipulación. "No queremos poner plazos porque siempre se tiende a estirarlos", matizó Sejer. "Es mejor que exista una comisión que pueda dar permisos en cada caso de experimentación". De esta forma, un embrión conseguido por fertilización in vitro no podrá tocarse ni analizarse (para saber, por ejemplo, si es macho o hembra) antes de implantarlo en el útero de su madre. También están prohibidas las madres de alquiler, aunque sean familiares, por el temor a su utilización comercial. "Pero si el juez ve que todos los que han intervenido están de acuerdo, no impone pena alguna". Sejer cree, sin embargo, que cada niño tiene el derecho a tener una madre y un padre, en vez de tres madres y dos padres en el caso más extremo.

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