Buenos negocios en Zajo
El bazar de Zajo atraviesa uno de los momentos más esplendorosos de su historia. Kurdos venidos de todos los rincones de Irak, apretujados como en un avispero, van recorriendo centenares de puestos y comprando aquí y allá todos esos productos, especialmente comida, tan escasos en el resto del país. "Cada uno se las arregla como puede, pero aquí, de momento, hay negocio para todos", afirma Mohamed Alí.Camiones con matrículas de Mósul, de Kirkuk o de Bagdad se alinean a las afueras de la ciudad a la espera de la preciada carga. Junto a ellos, centenares de camiones turcos.
El embargo decretado por Naciones Unidas contra Irak supuso un duro golpe para los transportistas turcos, muchos de los cuales se vieron obligados a vender el camión por falta de trabajo.
Otros, los que resistieron, aprovechan ahora para sacar los beneficios perdidos en un año. De día llegan repletos de lo mejor de la cosecha turca. Por las noches se van cargados con bidones de gasolina que compran en Zajo a un quinto de lo que cuesta -unas 75 pesetas- en Turquía.
Contrabando inofensivo
La policía fronteriza turca, mal pagada y descontenta por encontrarse en una zona donde cualquier día puede caer en una trampa de la guerrilla del Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK), recibe con ganas el tributo que los camioneros le pagan por no enterarse de este "contrabando inofensivo".
Mujeres envueltas en grandes chadores negros u otras ataviadas con los mil colores fuertes de la vestimenta kurda tradicional se mezclan en el bullicio con peshmergas armados hasta los dientes y con miles de comerciantes que en este resurgir nacionalista kurdo han cambiado los pantalones occidentales por los bombachos kurdos adornados por fajines de los más diversos orígenes.
La actividad es enorme, pero la gente es amable y está dispuesta a contestar cualquier pregunta. Lo primero que aparece en las respuestas de todos es la "incomprensión" y la "amargura" por la actitud de Occidente hacia los kurdos.
"Han defendido Kuwait, pero a nosotros nos han dejado solos con un monstruo aún más sediento de sangre que antes. Millones de kurdos se han quedado sin casa. Muchos siguen refugiados en Irán o viviendo en tiendas en la zona liberada, pero el invierno de aproxima y el Ejército del régimen baasista sigue en guardia contra nosotros", dice Mohamed Alí.
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