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Crítica:ROCK
Crítica

Como en casa

Con un frío de mil demonios, el grupo Celtas Cortos actuó en medio de la madrileña Plaza Mayor, convertida en páramo mesetario, y la basca se fue, casi enterita a verlos. Basca (en Madrid se pronuncia vajca) es el colectivo supuestamente periférico que en términos tribales agrupa a heavies, punkies y mucho poshippy.Todos ellos aman la bronca (brincar mientras corean: -Jey, jey, jey - _. "), y consiguieron que los vallisoletanos Celtas Cortos se sintieran -ellos lo dijeron- "como en casa". El 80% de su repertorio son jigas célticas instrumentales, anteriores al proceso de renovación efectuado recientemente por grupos británicos como The Pogues o The Oyster Band.

Celtas Cortos recuerda a sus antecesores cantábricos y bretones: Milladoiro, Oskorri, Gweridal... Son buenos instrumentistas y en escena se les ve muy animados. El virtuosismo de Alberto García al violín destaca junto a la labor del flautista y gaitero Carlos Soto. El resto de los instrumentos permanece en segundo plano, a modo de soporte de las largas disquisiciones melódicas de uno y otro. Ocasionalmente algún detalle pianístico y del bajo escapa al rígido esquema celta para introducirse en sonoridades más americanas.

Celtas Cortos

Celtas Cortos. Aforo: 20.000 personas. Entrada libre, Plaza Mayor. Madrid, 13 de febrero.

Celtas Cortos y su previsible éxito mayoritario sugieren el estado de "no va más" de la música hispana actual. Su insólito encarrilamiento en la vía muerta del legado celta se complementa con algunas canciones: directas, pero muy bellas; teñidas de melancólica tristeza. Jesús Hernández posee una voz rota personalísima, y es una pena que el grupo se prodigue tan poco en utilizarla. Cuando ocurre Celtas Cortos es una banda de rock con composiciones emocionantes (Insumisión, todo un himno ampliamente coreado) y muy capaz de dosificar con gusto las raíces que su nombre evoca.

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