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Crítica:MÚSICA CLÁSICA

Triunfo de Rostropóvich

Desde hace unos años, los conciertos extraordinarios de las Juventudes Musicales Madrileñas se cuentan por acontecimientos. No menos calificativo merece la irrupción del genio Rostropóvich en el escenario del Auditorio Nacional para, en compañía de la Orquesta Filarmónica lituano-soviético-alemana, dirigida por Saullus Sondeckis, interpretar los conciertos de Saint Sáens y Primero en mi bemol de Shostakóvich. Sirven estas manifestaciones fuera de serie para allegar fondos que las Juventudes Musicales Madrileñas distribuyen cada año en una serie de importantes becas para estudios de Jóvenes intérpretes españoles en el extranjero.Habrá que explicar el extenso título de la formación orquestal: se trata de una entidad formada, a la luz de la nueva y problemática situación europea, por miembros de dos orquestas lituanas (la Nacional y la Sinfonietta) y de la Joven Orquesta SoviéticoAlemana. Rostropóvich ayuda a la Joven entidad, y compositores de distinto signo como Denisov, Chedrine y Paart escriben para ella nuevas partituras.

Concierto extraordinario de Juventudes Musicales Madrileñas

Orquesta Filarmónica lituano-soviético-alemana. Director: S. Sondeckis. Solista: M. Rostropóvich. Obras de Rimsky, Saint Säens, Prokofiev y Shostakóvich. Auditorio Nacional. Madrid, 30 de enero.

No se trata todavía de una orquesta estelar, pero sí de una agrupación capaz de versiones tan limpias como la de La gran Pascua rusa, de Rimsky, o tan aéreas y transparentes como la de la Sinfonía clásica, de Prokofiev. No menos estimable fue la colaboración del maestro Sondeckis y su orquesta con el gran Rostropóvich.

Nacidos a 86 años de distancia, tanto el concierto de Saint Sáns como el del soviético fueron tachados de superficialidad y, en un sentido convencional, la acusación estaba fundada, ya que ni uno ni otro se apuntan al costado patético de la expresión musical que suele ser identificado con la profundidad; más bien se inclinan a un concepto lúdico y artesanal con claras y muy bellas escapadas a lo lírico.

La obra de Shostakovich, dedicada en 1959 a Rostropóvich, practica aún la estética de] ballet La edad de oro, o de la ópera La nariz, sobre Cogol, en la que lo irónico juega un papel que más tarde cedería su preponderancia al pesimismo y la amargura.

Después de interminables ovaciones, Rostropóvich y sus colaboradores ofrecieron al público del Auditorio Nacional una versión para violonchelo y orquesta del andante cantabile procedente del Cuarteto en re de Chaikovski.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de febrero de 1991