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La 'locura de las vacas' británicas

No está demostrado todavía que la enfermedad degenerativa llamada locura de las vacas, que se ha detectado en el Reino Unido, se transmita al hombre. No obstante, 14 países han prohibido la importación de carne de ese país. ¿Ha adoptado esta misma medida España?, se preguntan los autores de este artículo.

Recientemente en varias revistas médicas británicas se han publicado informaciones sobre una extraña enfermedad degenerativa del sistema nervioso que afecta al ganado bovino británico desde 1985. Se desconoce todavía el origen de esta encefalopatía, pero parece que se trata de una enfermedad de evolución lenta, similar a otras graves infecciones víricas del sistema nervioso ya conocidas anteriormente. Estas infecciones son producidas por unos virus extraordinariamente difíciles de destruir, que tienen un periodo de incubación de unos dos años; sus manifestaciones clínicas sólo se presentan entre 15 y 30 años después de la inoculación.En este grupo de encefalopatías raras se incluyen, por ejemplo, la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob y el kuru, que han sido atribuidas, respectivamente, a la hormona del crecimiento extraída de cerebros de cadáveres humanos y al canibalismo. Tan lenta es la evolución de estas enfermedades, que hace poco todavía se diagnosticaban nuevos casos de kuru, 30 años después deque haya desaparecido la práctica del canibalismo entre los nativos de Nueva Guinea. La encefalopatía de las vacas también es producida por un virus lento que, en unos dos años, desencadena un cuadro de debilidad y comportamiento agresivo en los animales infectados. Debido a estas características también se la denomina locura de las vacas. Desde su descubrimiento ya se han sacrificado más de 9.000 animales en el Reino Unido, y parece que cada semana se diagnostican unos 400 casos nuevos.

Las consecuencias de la enfermedad podrían haberse limitado a un problema económico, similar al de la peste equina: hay que sacrificar las reses infectadas y proporcionar medios para la investigación de una vacuna. Sin embargo, a pesar de que no se ha demostrado la transmisión de la enfermedad al hombre, en 1988 el Gobierno británico prohibió la venta de leche procedente de granjas en las que hubiera vacas enfermas; además, el pasado mes de noviembre se vetó el comercio de ciertas vísceras -como el cerebro- para el consumo humano. Las lesiones que la locura de las vacas produce en el cerebro de los animales enfermos son parecidas a las de otra enfermedad degenerativa observada en ovejas. Dado que a menudo se dan proteínas animales -como vísceras de oveja- a las vacas para incrementar la producción de leche, algunos científicos sugirieron que la encefalopatía se transmitió de las ovejas al ganado bovino. Sin embargo, recientemente se ha descubierto que los ratones alimentados con carne de buey infectado adquieren la enfermedad, y este hallazgo ha sido lógicamente motivo de preocupación, pues plantea la posibilidad de que esta encefalopatía de evolución lenta pueda transmitirse a la especie humana y dé lugar a síntomas en un plazo de tiempo imprevisible.

Transmisión al hombre

Muchas enfermedades pueden transmitirse de los animales al hombre por la ingestión de carne o de otros productos de origen animal como la leche o el queso. La triquinosis y la fiebre de Malta son dos de los ejemplos clásicos. En estos casos se sabe que se puede evitar la infección humana cuando se aplican algunas medidas sanitarias básicas, como la cocción adecuada de la carne o la pasteurización en el caso de la leche; en otros casos es necesario sacrificar a los animales enfermos. Con el fin de evitar las graves consecuencias sanitarias que podría suponer la hipotética transmisión de la locura de las vacas al hombre, 14 países han prohibido la importación de carne procedente del Reino Unido. Nos preguntamos si las autoridades sanitarias españolas habrán dado los pasos necesarios para que España se encuentre entre los países que ya no importan carne de vacuno del Reino Unido.

Albert Figueras y Joan-Ramon Laporte son profesor asociado y catedrático de Farmacología, respectivamente, de la Universidad Autónoma de Barcelona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0030, 30 de mayo de 1990.