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Tribuna:ARCO 90 ENCUENTRO CON EL ARTE

Galería de galerías

La Feria Internacional de Arte Contemporáneo, Arco, presenta en esta novena convocatoria, en la que se han batido marcas de participación, una oferta atractiva para los agentes involucrados en el mercado de arte actual, y ciertamente también para el gran público que visita año tras año, el recinto ferial, con el ánimo de estar al día en lo concerniente a la creación plástica internacional.Pero Arco no es sólo una acción concreta que se ciñe a unos cuantos días de duración; muy al contrario, desde el año 1987, se ha generado una serie de iniciativas, continuadas en el tiempo, cuya finalidad última pretendemos que sea el fomento del coleccionismo y del interés por el arte contemporáneo, algo que en principio puede parecer pueril, aunque, según mi opinión, resulta necesario, básico y difícil.

Para el fomento del interés por el arte creamos la Asociación Amigos de Arco, que, entre otras actividades, colabora con el Círculo de Bellas Artes de Madrid en la organización de los Ciclos sobre Apreciación del Arte Contemporáneo, organiza viajes culturales para sus 8.000 socios, y tiene en proyecto avanzado la creación de una base de datos, Arco-Data, de arte del siglo XX. Junto a la asociación se encuentra la Fundación Arco, que desde 1987 viene comprando obra expuesta en las sucesivas ediciones de la feria, con el fin de generar un fondo artístico. Este año, y bajo el asesoramiento de Edy de Wilde, ex director del Museo Stedelijk de Amsterdam, la fundación dispone de un presupuesto de 20 millones de pesetas para la adquisición de creaciones.

En esta ocasión, además Arco se suma a la lucha contra el SIDA, enfermedad que está produciendo un fenómeno social de rechazo hacia los afectados. La feria es una buena plataforma para dar información acerca del síndrome (en su pasada celebración, el certamen recibió la visita de 140.000 personas, aproximadamente), para captar fondos en beneficio de los enfermos y para contribuir a la sensibilización de los ciudadanos en lo concerniente a la mal, llamada peste del siglo XX.

En fin, que Arco 90, y con esta visión comprimida y rápida de su esqueleto, me parece una acción válida, legítima, dinámica y no exenta de polémica, lo que casi siempre enriquece e inyecta vitalidad.

Coleccionismo

La situación del coleccionismo en España, ya que he mencionado la palabra vitalidad, no es todo lo vital que sería deseable. A la realidad fiscal, poco favorecedora, se suman trabas administrativas, falta de información, ciertas cuestiones peliagudas en las que estaría en juego, al decir de algunos, el principio de propiedad privada, y una completa desorganización del sector artístico contemporáneo, que en gran medida nos viene de herencia. Con ello, desde luego, estamos haciendo un flaco favor a nuestro patrimonio del siglo XX, e incluso provocando la proliferación de la indeseable economía sumergida.

Lejos de mí la intención de ser negativa, ya que tal situación, muy lentamente, va cambiando, y en el ánimo de los poderes públicos -opino- y de los particulares está el que cambien de hecho. No olvidemos que hace unos días nuestro ministro de Cultura dio a conocer su intención de crear una ley de incentivos fiscales al mecenazgo, ley que espero tenga un talante liberal. También, no obstante, sería necesario, en lo referente a los coleccionistas privados, afianzar legislativamente en España desgravaciones fiscales a las que esté asociada, por ejemplo, una clarificación y desburocratización de los requisitos de inclusión de obras de especial relevancia en el inventario (ley de 1985 del Patrimonio Histórico Español) y otras posteriores consecuencias de tal inclusión. El coleccionista privado debe verse descargado de excesos de responsabilidad, lo que daría pie a un afloramiento del patrimonio plástico contemporáneo en nuestro país, auténtico compromiso de los propietarios con la ciudadanía, de un modo mucho más ágil que hasta el momento presente.

En 1989, Ifema Arco, con apoyo económico de la Cámara de Comercio e Industria de Madrid, encargó la elaboración de un informe sobre el régimen fiscal de arte contemporáneo en España y en los principales países occidentales, que fue remitido al Ministerio de Cultura, cuyo titular se mostró interesado en la posibilidad del estudio de alternativas fiscales despenalizadoras, encaminadas al fomento del coleccionismo, en lo relativo a la tenencia, transmisión y adquisiciones de arte contemporáneo.

En el citado informe, elaborado por un experto fiscalista, se dejaba bien claro que no era pretensión la supresión de la presión impositiva, ya que semejante pedimento, de existir, constituiría una opción disparatada y poco realista; sin embargo, la dulcificación de la legislación fiscal actual y su acercamiento a la vigente en otros países más permisivos sí se planteaban como acción posible y razonable, siempre en el convencimiento -y cito textualmente- de que constituye tarea fundamental del sector público promover e incentivar la adquisición, tenencia y transmisión del arte contemporáneo por parte del sector privado.

En 1990, cualquiera puede ser coleccionista. Las compras a plazos abren el camino a muchos jóvenes que se inician en el menester adquiriendo piezas a bajo precio. La sociedad de la información, la tecnología, está produciendo un nuevo orden al que no es ajeno el mundo del arte. Todo esto tenemos que integrarlo, asumirlo y organizarlo.

Censo de artistas

Sin ir más lejos, y fuera del tema fiscal, es triste comprobar que en España no disponemos de un censo actualizado y lo más completo posible de artistas; tampoco disponemos de otros datos de sumo interés profesional y general. Y esas carencias, y otras muchas, deben paliarse cuanto antes.

Desde Arco tenemos oportunidad de congregar a galerías de muchos países, que traen obra de cientos de creadores; tenemos oportunidad de potenciar el mercado puntualmente y de cumplir, en paralelo, con una misión cultural divulgativa; tenemos la oportunidad de convertir Madrid en capital cultural internacional durante unos días, y tenemos oportunidad, con trabajo y tesón continuados, de intentar un fomento serio del coleccionismo. Pero nuestra intención, en ningún caso, deben entenderse como una suplantación de la función de los poderes públicos ni de los coleccionistas privados.

Arco, sencillamente, está por la labor, en concordia, del fomento del coleccionismo, y es una feria comercial con un componente cultural innegable. Ni más ni menos.

Rosina Gómez-Baeza es directora de Arco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de febrero de 1990