Kirk Douglas: "Soy el fruto de la ira"

El actor norteamericano promociona en Madrid su libro autobiográfico 'El hijo del trapero'

En una sala del hotel Ritz, la voz de Kirk Douglas rebota en las paredes y suena poderosa y enérgica. Es el preludio a su imagen física, 72 soberbios años, mirada de juez benevolente y su hoyuelo mítico -"espero que mi atractivo se deba a algo más que a mi mentón"-. El actor, que ha venido a Madrid para presentar su autobiografía El hijo del trapero, de la que se llevan vendidos en España 30.000 ejemplares, habló ayer de sus orígenes, de las mujeres y, sobre todo, de una carrera que supera las 80 películas. "Soy el fruto de la ira", dijo a modo de definición.

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Hijo de emigrantes ruso-judíos, que escaparon de Moscú en 1908 para evitar el reclutamiento del padre en la guerra ruso japonesa, Kirk Douglas afirmó ayer, en su encuentro con la Prensa, sentirse orgulloso de sus orígenes: "Mis padres eran pobres y analfabetos. Al llegar a Estados Unidos creían que las calles americanas estaban construidas con adoquines de oro. Mi padre se hizo trapero porque a los judíos les estaba prohibido trabajar en las fábricas, y yo soy el fruto de estas circunstancias. Cualquier americano es una mezcla de razas y culturas, y ser hijo de judíos me llena de orgullo. No lo estoy tanto de mi parte rusa, porque no puedo olvidar que mis padres tuvieron que escapar de allí. Sin embargo, me agrada la línea política que actualmente mantiene Gorbachov". En sus declaraciones sobre la política norteamericana, Kirk Douglas prefiere la ambigüedad al compromiso. "Conozco a Reagan desde hace años y nuestros hijos se han criado juntos, pero no quiero opinar sobre él porque no pertenezco al mundo de la política", declaró a EL PAÍS. "Que el presidente sea demócrata o republicano es lo de menos; lo que importa es que sea bueno para el país y para al mundo". A la pregunta de si alguna vez ha tenido tentaciones de meter se en política, respondió: "Ya tenemos un actor político. Creo que es suficiente".

El veterano actor se consi dera un producto típico de la sociedad norteamericana: "A pesar de los problemas, tuve la suerte de aprovechar las oca siones que me brindó el país. Ir a la universidad, estudiar arte dramático y alcanzar mi sueño de convertirme en actor. No quiero dar la impresión de que todo el mundo puede conseguir lo mismo, porque en Estados Unidos hay muchos problemas. Pero estoy orgulloso de ser lo que soy, y tengo sentimientos de gratitud hacia mi país".

Una motivación

En 1946 comenzó su carrera como actor, consagrándose como estrella tres años más tar de con la película Campeón. "Tuve unta motivación para subir", afirma Kirk Douglas. "Era tan pobre que no podía llegar más abajo. Por eso admiro tanto a mis cuatro hijos, que a pesar de tenerlo todo han encontrado la motivación necesaria para ser auténticas personas. No han tenido mis ventajas para introducirse en el mundo del cine, algo que siempre les he desaconsejado, y me siento orgulloso de ellos".Kirk Douglas respondió ayer a todas las preguntas amablemente, intercalando sus respuestas en inglés con alguna palabra en castellano. Consciente del trabajo de promoción que le trae a España, introduce constanternente referencias a su libro autobiográfico El hijo del trapero: "Un día me dirigía en coche hacia mi casa de Palm Springs cuando observé a un marinero que hacía autoestop. Paré, subió y cuando me reconoció dijo asombrado: ¿Pero sabe usted quién es?". La respuesta es mi libro. Escribirlo fue un viaje de descubrimiento, a través del cual aprendí mucho sobre mí mismo".

La autobiografía de Kirk Douglas -"la he escrito yo solo", señala con interés- ha permanecido durante 20 semanas entre los libros más vendidos, según las listas del New York Times. "Durante muchos años", continúa, "me han preguntado constantemente acerca de mi vida, y aunque no había sentido la necesidad de ofrecerme llegó un momento en que quise buscar mis raíces. Soy un esnob al revés, y no quiero perderme a mí mismo en los papeles que interpreto. En El hijo del trapero intento dar algo de mi vida, recuperar mi infancia, que estuvo marcada por la tragedia de no haber tenido una mejor relación con mi padre, que se marchó muy pronto y me dejó solo con mi madre y mis seis hermanas".

La relación de Kirk Douglas con las mujeres constituye uno de los aspectos comercialmente más atractivos del libro. Sobre este tema abundan las preguntas, que el actor contesta con tranquilidad y respeto. "No podía escribir honradamente un libro sin hablar sobre la mujer, y no creo que con ello viole ninguna intimidad, a excepción de la mía. Me gusta la mujer y no la trato como un objeto sexual. Me atrae su diferencia, porque es menos romántica que el hombre, pero más práctica. e instintiva. La mujer como persona es fascinante".

En El hijo del trapero aparecen nombres como Marlene Dietrich ("venía a casa, preparaba sopa, me mimaba. Sexo afectuoso"); Lauren Bacall ("sospecho que experimentaba por mí una especie de enamoramiento de colegiala"); Lana Turner ("...pero ella estaba liada con Fernando Lamas, un hombre terriblemente celoso"), Pier Angeli ("nuestro romance comenzó a nueve metros del suelo"), y otras como Rita Hayworth, Joan Crawford, Mia Farrow y Gene Tierney, hasta llegar a Anne Buydens, su mujer desde hace 35 años. "Cuando terminé de escribir el libro, sólo entonces, se lo dejé a Anne. Estaba dispuesto a suprimir cualquier cosa que a ella le desagradase. Incluso a no publicarlo. Pero le gustó y me dijo que trataba con dureza a muchas personas y a mí mismo. También le sorprendió comprobar cuánta ira había dentro de mí. Quizá mi carrera, mi éxito, sea el fruto de la motivación producida por esta ira".

Recuerdos avergonzados

En las 381 páginas del libro también hay referencias a sus trabajos con directores como Stanley Kubrick -"lo admiro como profesional, no como persona"-, Raoul Walsh, Howard Hawks, Dalton Trumbo y Elia Kazan. Recuerdos avergonzados a sus posiciones anticomunistas en los años de la caza de brujas y a la época en que renegaba de sus raíces judías. También hay tristeza por no haber conseguido nunca un oscar, a pesar de haber estado nominado cuatro veces. "Al menos lo he intentado", afirma resignado. "Acepto mi vida y he aprendido que la prueba de que algo vale la pena es su capacidad para resistir el paso del tiempo. Quizá alguna de mis 20 películas favoritas, como Senderos de gloria, continúen recordándose dentro de algunos años. No me creo un gran hombre, aunque he hecho un tremendo esfuerzo. Es lo único que se puede pedir a una persona".

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 30 de enero de 1989.

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