Entrevista:ESPAÑA Y LA C.E.

Delors: "Hay que dar un alma a la CE para enamorarse de ella"

El artífice del Acta única afirma que "el camino que queda por recorrer hasta 1992 es el más difícil, psicológicamente"

Pregunta. Hace año y medio, en vísperas de la presidencia alemana, usted tenía dudas sobre el compromiso alemán con Europa. ¿Las sigue teniendo?Respuesta. Tenía una cierta preocupación sobre la actitud del pueblo alemán con vistas a la construcción europea. Afortunadamente, esta inquietud fue borrada por la última presidencia alemana, que fue de una gran eficacia. Recibí del canciller Helmut Kohl y de su Gobierno un apoyo decisivo.

P. ¿Ha sustituido el Reino Unido a Alemania Occidental en sus preocupaciones?

R. A propósito de la realización del Acta Única se han producido en los últimos meses declaraciones que me inquietan, a mí y a algunos jefes de Gobierno, empezando por el discurso que pronunció la primera ministra británica, Margaret Thatcher, en septiembre en Brujas. Conciernen nada menos que a la puesta en práctica del Acta única, es decir, un contrato de matrimonio entre los doce que ha sido firmado y ratificado.

P. Tras la alocución de septiembre usted afirmó ante el Parlamento Europeo que la Comunidad estaba de nuevo en situación de "precrisis". ¿Lo sigue estando?

R. Las dificultades a propósito de la armonización fiscal y el discurso de Brujas me hicieron temer que se produjese un endurecimiento de posturas. Si no basta con un buen método para lograr un objetivo ambicioso, éste reviste para mí gran importancia. En materia de construcción europea hay que evitar la teorización o la dramatización de las divergencias intentando encontrar soluciones prácticas. Si dije que Europa estaba en precrisis es porque corría el riesgo de volver a caer en una polémica doctrinal sobre su porvenirque le ha costado ya años de inmovilismo. Mi método consiste en abstenerme de describir lo que deberá ser Europa en el año 2000 y así hemos evitado pasar de la precrisis a la crisis.

Objeto sin identiricar

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P. ¿Es entonces inútil preguntar le cómo ve la Unión Europea?

R. Es una pregunta que no se me debe hacer. Tengo una idea pero debo olvidarme de ella para conseguir que las cosas avancen. Describirla de antemano es provocar una polémica que acabará inevitablemente desencadenando una crisis. Lo único que pue do decir es que algún día Europa será un objeto político no identificado cuyos miembros habrán puesto en común una parte importante de sus ambiciones y medios para realizarlas. Dicho esto España seguirá siendo España como hoy en día Andalucía sigue siendo Andalucía.

P. Se equivocó entonces el presidente Felipe González al replicar indirectamente, a mediados de diciembre en Bruselas, a Margaret Thatcher?

R. No, tuvo razón, y otros jefes de Gobierno también lo hicieron. Pero yo, sin querer exagerar mi papel, tengo como presidente de la Comisión la misión de reagrupar a los europeos y no me lo puedo permitir. Me hubiese gustado polemizar pero está reñido con la eficacia de mi actuación. Sería contraproducente. Si mi mandato al frente de la Comisión no hubiese sido renovado hubiese expuesto una visión exhaustiva del futuro de Europa.

P. En su última conferencia de prensa como comisario británico, lord Cockfield lamentó que el Reino Unido obstaculice el avance del tren europeo en lugar de colocarse al frente de la locomotora. ¿Comparte esta opinión? .

R. Sólo un británico puede decir esto a los británicos. Equivale a afirmar que el concepto más elevado que se puede tener del patriotismo es desear que su país desempeñe un papel dinámico en la construcción de Europa frente a aquellos que sostienen que se corre el riesgo de perder su identidad nacional.

P. A propósito también del Reino Unido, González se mostró convencido en Bruselas de que, en últinia instancia y aunque sea protestando, preferirá subirse en el autobús comunitario antes que perderlo.

R. El tiempo dirá si tiene razón. Bien es; verdad que el presidente González y yo vivimos las experiencias; de los consejos europeos de Milán y de Bruselas, en los que el Reino Unido se mostró reacio a modificar el Tratado de Roma con el Acta Única y en adoptar más tarde el llamado paquete Delors, que transforma la financiación de la CE, pero finalmente la señora Thatcher acabó aceptándolo. La historia aboga en favor de la tesis de González pero yo continúo siendo vigilante y prudente.

Lo más difícil

P. Usted, que evita la batalla doctrinal, sí participa de lleno en la institucional al preconizar que el Parlamento Europeo siga reuniéndose en Estrasburgo y no disponga de una sola sede.

R. Yo me las compongo muy bien con las tres sedes (Bruselas, Luxemburgo, Estrasburgo) y los nueve idiomas oficiales. La diversidad de Europa conlleva un coste que hay que aceptar. Es una cuestión de sentido común. Advierto de antemano a todos aquellos que desean cambiar el reparto de las instituciones. Si lo intentan se producirá una gran pelea. Toda la energía de los europeos será absorbida por la polémica y la obra comunitaria puede quedar paralizada. Si lord Plumb (presidente del Parlamento) cree que la dispersión de las sedes perjudica la eficacia de la labor de la eurocámara, acaso se pueda mejorar la intendencia.

P. Numéricamente se han aprobado cerca de la mitad de las directivas necesarias para el mercado único, ¿pero no queda, cualitativamente, lo mas difícil por hacer?

R. Se ha hecho la mitad del trabajo pero lo que aún queda por hacer es psicológicamente mas difícil, no técnicamente, porque los interesados se dan más cuenta de lo que representa el proyecto, de las ventajas pero también de las obligaciones que conlleva. La traba psicológica es, en parte, compensada por el extraordinario clima. de confianza que prevalece en Europa. La actual situación económica tan favorable no es sólo achacable al entorno internacional sino a la perspectiva del mercado único de 1992 que moviliza a las empresas. En 1988 la inversión en Europa será, por ejemplo, la más alta desde hace 20 años.

P. ¿Cuáles son los grandes obstáculos en el camino que conduce a 1992?

R. En lo concerniente al mercado único, es el indispensable acercamiento de la fiscalidad sobre el consumo (IVA e impuestos especiales) y las rentas del capital. A propósito de la consecución de los objetivos del Acta única, son las políticas comunes que concretizan la solidaridad intercomunitaria para colocar a las regiones en igualdad de oportunidades mediante transferencias financieras y la movilización de sus recursos humanos y naturales. En tercer lugar figura el fortalecimiento de la cooperación macroeconómica y monetaria, que, desde la cumbre de Hannover, estudia un comité que presido.

P. El estado de los trabajos del comité Delors es el secreto mejor guardado en Bruselas. ¿Se inspirará el informe que someterá a la cumbre de Madrid en el ejemplo del banco federal alemán (Bundesbank)?

R. Es prematuro hablar de ello. Nuestra misión es exponer lo que será la unión económica y monetaria y las modificaciones técnicas y, en última instancia, políticas e institucionales que implica. Si tiene que haber un sistema de banco central europeo tendrá que gozar de la misma independencia que la Bundesbank. Quiero subrayar que sin reforzamiento paso a paso de la cooperación macroeconómica y monetaria será imposible sacar todo el partido al mercado único.

P. ¿No está, la Europa que usted construye, bastante alejada del ciudadano de a pie?

R. La libre circulación de las mercancías, de los servicios, de los capitales e incluso de las personas se está consiguiendo antes que la de las ideas. Hay que crear una Europa de la cultura respetando nuestras diversidades. Hay que favorecer el estudio de idiomas, multiplicar los intercambios de jóvenes que se llevan ya a cabo en el marco de los programas comunitarios Erasmus y Comett. Tengo ahora la intuición de que si no abrimos pronto una pequeña ventana para que los ciudadanos puedan palpar a la Comunidad no lograremos interesarles en nuestro proyecto. Uno no se enamora del gran mercado. Por eso hay que dar un alma a la Comunidad.

P. ¿Puede la miniguerra comercial que amenaza con estallar entre EE UU y la CE envene-

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nar las relaciones entre Bruselas y Washington?

R. No si todo el mundo fuese razonable... Las anteriores experiencias con EE UU demuestran que cada vez que hemos sido pacientes y hemos mostrado una gran comprensión nunca nos ha servido de nada y al final teníamos la impresión de que nos habían puesto los cuernos. Debemos adoptar una actitud de firmeza pero sin caer en provocaciones. La solución al contencioso es política.

P. ¿Lamenta que los doce actúen en orden disperso a la hora de estrechar lazos con los miembros del CAME?

R. Cuando se esfuerzan por intensificar el comercio no reviste mucha gravedad. Después de todo es normal que cada uno intente promover sus exportaciones. Es, sin embargo, curioso observar que los doce no conseguían ponerse de acuerdo sobre el principio de la celebración de una conferencia sobre derechos humanos en Moscú en 1991 hasta que EE UU la aceptó y entonces desaparecieron milagrosamente las divergencias entre Estados miembros. Otro tanto ocurrió hace 15 días a propósito de los contactos con la OLP cuando Washington aceptó la apertura de un diálogo con la organización palestina. Espero que en los próximos meses, bajo presidencia española, se debata la cuestión. La política exterior común debe ser más consistente y unitaria e intervenir más frecuentemente en el escenario mundial.

Latinoamérica, olvidada

P. ¿No ha sido América Latina la gran olvidada de las relaciones exteriores de la CE?

R. La historia lo explica fácilmente. Los seis, y después los nueve primeros miembros de la Comunidad, tenían relaciones históricas y privilegiadas con los países de Africa, del Caribe y del Pacífico, que quedaron cristalizadas en la Convención de Lomé. Pero desde el ingreso de España y Portugal, y a causa también de la interdependencia de los fenómenos mundiales, la Comunidad debe fortalecer sus lazos con ese subcontinente con tanta mayor razón porque nos es culturalmente muy cercano.

P. El escaso éxito de la presidencia griega es, en parte, atribuido a la dedicación del Gobierno de Atenas a sus problemas internos. ¿Cree usted que España corre el mismo riesgo?

R. No se ha insistido lo suficiente que durante la presidencia griega del segundo semestre de 1988 se han adoptado más de 30 directivas; es decir, la décima parte del total de las directivas necesarias para la creación del mercado único.

P. El Consejo Europeo de Rodas apenas tomó decisiones. ¿No estará la cumbre de Madrid, que concluirá la presidencia española, demasiado cargada con un orden. del día que puede incluir desde el espacio social hasta la unión monetaria, pasando por la reflexión institucional y el espacio audiovisual europeo?

R. Será imposible hablar de todo este inventario. Un Consejo Europeo está hecho para evaluar la progresión de la construcción europea, señalar algunas prioridades y dar algunas orientaciones sobre, por ejemplo, el Eureka audiovisual o la unión monetaria.

Sería un síntoma de buena salud si la cumbre de Madrid y las ulteriores se limitan a esto.

La fe europea del converso

Pregunta. Han transcurrido tres años desde el ingreso de España en la CE. ¿Se ha adaptado bien el país, está en condiciones de asumir la presidencia?Respuesta. No sólo todo aquello positivo que esperamos ha ocurrido, sino que parte de lo negativo que temíamos no ha llegado a producirse. Tenía miedo, por ejemplo, de que los primeros años fuesen más difíciles en cuanto a la adaptación de la estructura de producción. En España, la movilización es general. Los españoles, y también los portugueses, han transmitido parte de su entusiasmo al resto de la Comunidad. Sucede lo mismo que en la Iglesia: los últimos conversos son los que la revigorizan. Cuando al entusiasmo se añade la competencia, no hay que dudar en hacerse cargo de la presidencia. No tengo ninguna preocupación sobre lo que hará España.

P. ¿No sufre la presidencia española de un doble handicap al haber entrado ahora en funciones una nueva Comisión Europea que necesita un rodaje y al tener lugar en junio elecciones al Parlamento Europeo?

R. No en lo concerniente a la Comisión. Con el cambio del colegio de comisarios, el tren no se ha detenido. La perspectiva electoral y la celebración en mayo ( e la última sesión parlamentaria no permitirán llevar a cabo en junio el procedimiento de cooperación entre el Consejo de Ministros y el Parlamento para adoptar las directivas necesarias a la puesta en práctica del mercado único.

P. Altos funcionarios españoles achacan algunas culpas a la Comsión, que no ha sometido a tiempo directivas a aprobar bajo la presidencia española, como la referida a la armonización fiscal sobre el ahorro.

R. Expliqué al Consejo Europeo de Rodas por qué no estábamos listos. Tras mantener consultas con los doce, no vislumbrábamos ni siquiera los principios de un acuerdo. Creo que se llegará a un acuerdo antes del 30 de junio. Es tanto más necesario; si no lo alcanzamos, el avance hacia la libre prestación de servicios financieros y la liberalización de movimientos de capitales podrían quedar puestos en tela de juicio. En todo caso, la cumbre de Madrid no debe ser el órgano que resuelva el problema fiscal. Los jefes de Estado y de Gobierno no tienen que solucionar cuestiones tan técnicas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 07 de enero de 1989.

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