VIII PREMIOS PRÍNCIPE DE ASTURIAS

Carmiña y José Ángel

J. CRUZ, Carmen Martín Gaite y José Ángel Valente, dos de los mejores escritores de la generación del 50, se sentaron juntos ayer en un acto solemne que tuvo por testigo principal al Príncipe de Asturias, y por espectador de privilegio, a uno de sus compañeros de tiempo y de carencia: el ahora ministro Jorge Semprán, antes Federico Sánchez. Carmiña, como la llaman todos, dijo, en un discurso sobre el que improvisó como si fuera la Louis Arrristrong de la literatura española, que tanto ella como José Ángel habían sido víctimas y cómplices de las mismas carencias. Con un discurso que había escrito dos veces improvisó uno nuevo, y con la pluma que heredó de su padre, enarbolada ante el público como el premio principal de su vida, la flamante Príncipe de Asturias demostró la buena letra que tiene para improvisar discursos y cuentos ante príncipes y plebeyos, y con el estilo llano que caracterizó siempre a su compleja prosa, dio manotazos contra el halagüeño espejismo que los escritores tienen ante el hecho de la literatura: no des por bueno nunca, dijo ella, aquello que ya fue bueno.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del 0015, 15 de octubre de 1988.