Nuevo enfrentamiento de la CE con EE UU a causa de la prohibición comunitaria de importar carne con hormonas

La Comunidad Europea (CE) y Estados Unidos se encaminan a tener a finales de año una nueva pelea comercial por culpa, esta vez, de las hormonas en la carne, que los doce han acordado prohibir a partir del 1 de enero, a pesar de que su decisión perjudica a las exportaciones norteamericanas.

Tomada en diciembre de 1985 la decisión de prohibir la importación de carne con hormonas, fue confirmada a principios de semana por los ministros de Agricultura reunidos en la capital belga, a pesar de que el comisario Frans Andriessen les advirtió que Washington estaba preparando un elenco de eventuales represalias que estará listo a mediados del mes próximo. La directiva comunitaria, que algunos países como Bélgica e Italia han traspasado ya a su legislación nacional, veta por razones de salud el empleo de todo tipo de hormonas, naturales y sintéticas, excepto las necesarias para uso terapeútico.

EE UU, que exporta anualmente a la CE el equivalente de 135 millones de dólares (16.330 millones de pesetas) de carne tratada con hormonas de crecimiento, desestima los argumentos sanitarios avanzados por los doce y considera que se trata, en realidad, de un subterfugio para limitar las importaciones de un producto del que Europa es excedentaria.

Además de replicar con sanciones, la Administración norteamericana tiene la intención de recurrir ante el GATT (Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles).

Bruselas contesta que la prohibición no vulnera las reglas del GATT porque no es en absoluto discriminatoria al afectar de la misma manera a la carne importada que a la producida en el Viejo Continente; pero en un gesto de buena voluntad ha dado a entender a sus interlocutores norteamericanos que podrá retrasar la aplicación de la medida hasta dentro de un año, un plazo rechazado por Washington.

A diferencia de los anteriores conflictos comerciales entre EE UU y la CE, que versaron sobre siderurgia o sobre espaguetis, los observadores consideran que ambas partes poseen un escaso margen de maniobra para poder llegar a un acuerdo a menos que el Reino Unido no consiga salvar los intereses norteamericanos.

Londres es entre los doce la única capital reticente a la prohibición de las hormonas, hasta el punto de haber presentado un recurso contra la decisión tomada en 1985 ante el Tribunal de Justicia de la CE, alegando, por un lado, la falta de validez científica de los argumentos sanitarios y, por otro, defectos de forma en su adopción. La sentencia se dará a conocer el próximo día 14 de octubre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 24 de septiembre de 1987.

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