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Oskorri, los galos

Un grupo vasco que hace giras por toda España

El taxista que conduce al cronista a la estación de Madrid, donde deberá tomar un tren a Vigo, muestra su agrado por la música de Oskorri. Caso raro, pues no es éste un grupo que suene con asiduidad en la radio ni aparezca regularmente en la televisión como para tener tal popularidad. Con 15 años de carrera a sus espaldas, cantar en euskera y hacer una música que se sale de lo convencional y rompe todas las barreras estilísticas ha sido una desventaja para su difusión mayoritaria, aunque en los tres últimos años sus actuaciones tengan lugar con frecuencia fuera del País Vasco, donde habían trabajado casi con exclusividad hasta entonces. Más de 60 actuaciones en toda España tendrán anotadas en su agenda cuando terminen este año una gira que no conoce inviernos ni veranos.

El auditorio del parque de Castrelos, en Vigo -ciudad incluida por Oskorri en su gira, este verano-, cuenta con una zona de pago cercana al escenario y una amplia grada a la que se puede acceder de manera gratuita.Quizá como resultado de ello las sillas muestran grandes, claros de público, mientras que una gran cantidad de jóvenes, alrededor de 3.000, llenan las gradas del fondo.

Natxo de Felipe, con un estilo que mezcla la ironía, el cariño y el distanciamiento, invita a bailar a un público que no ve y al que escucha aplaudir en la lejanía.

En medio de la canción, el encargado del foco ilumina las gradas: un grupo de jóvenes vascos que ha ido de excursión a Vigo y que está entre el público ha puesto a bailar a todo el mundo. Es como un recital entre paréntesis. Entre el calor del escenario y las gradas se encierra el frío del vacío de las filas de pago.

Cantar "en cristiano"

Han cantado en euskera, pero, naturalmente, han hecho las presentaciones en castellano, ya que, como explica Natxo, no han podido aprender más que algunas pocas palabras en gallego. Una de ellas es graciñas, que el público agradece con entusiasmo cada vez que la pronuncia.

Cuando termina la actuación, Natxo y Joserra comentan con el organizador del festival el asunto del idioma: "Alguna vez nos hemos encontrado con el clásico grito de que cantemos

en cristiano, pero la verdad es que es bastante raro y normalmente no hay ningún problema; la gente no muestra ninguna extrañeza", concluyen, mientras recogen los instrumentos o le dan buenos tientos a una bota que acaban de regalar a Antón, quien posee la sonrisa más contagiosa de la música española, según una espectadora que asegura haberlos visto varias veces.

Llegaron a Vigo el día anterior, aprovechando para celebrarse convenientemente en un restaurante que recomienda la guía Michelin. Oskorri viaja normalmente por carretera, en dos o tres coches cuando hay que transportar tan sólo los instrumentos y en una furgoneta cuando son ellos quienes ponen el equipo de sonido.

La guía Michelin es una especie de biblia personal que Natxo lee en voz alta cuando les llega la hora de comer en carretera y el hambre hace mella en los viajeros. Al día siguiente, de vuelta hacia Bilbao, también es consultada para elegir parada y fonda,

Días después en un pueblo de La Rioja alavesa que cuenta con un millar de habitantes en invierno y los multiplica por 10 cuando se llena de veraneantes de Bilbao o San Sebastián, el ambiente es bien distinto.

Los miembros del grupo descargan el pesado material con una solidaridad que no excluye las quejas sobre tan triste destino del artista. Unos niños juegan al frontón, mientras ellos ponen en pie las torres de luces y unas cuantas jovencitas toman sitio con horas de antelación.

Cuando comienza la actuación el local está lleno a rebosar. Un público de ocho a 80 años ocupa las gradas y se amontona en la puerta. Durante más de dos horas sus canciones son coreadas por la gente, aunque en las más lentas se escuchen las voces y los juegos de los más pequeños.

Como Astérix

Al final, cuando una multitud de jóvenes, especialmente chicas, se acercan a ellos para pedirles autógrafos, Fran, que está recogiendo el violín, habla en euskera con una niña de no más de ocho años: "Yo tengo una cinta vuestra que me gusta mucho". "¿Qué canción te gusta más?". "Aita semeak", contesta la niña, la misma que antes cantaba a voz en grito.

Ya han terminado de recoger el equipo. Mientras algunos toman una copa en un bar cercano, Natxo, Antón, José y Txarli juegan una partida en el frontón.

Cuando acaban están sudorosos y fatigados. Toman los coches y vuelven de nuevo a casa.

Como los galos de Astérix, a Oskorri les gusta la guasa, comer y beber bien, son protestones, indisciplinados y pendencieros, pero quieren a los amigos y sólo le temen a que el cielo se caiga sobre sus cabezas.

Oskorri

Natxo de Felipe, 37 años (composición, voz, guitarra, percusión, acordeón); Antón Latxa, 36 años; composición, voz, guitarra); Bixente Martínez, 33 años (composición, guitarra, mandolina); Fran Lasuén, 28 años (composición, voz, violín, txalaparta), Joserra Fernández, 27 años (flautas, alboka, txirula, armónica, pandereta, txalaparta); Txarli de Pablo, 27 años (baje); José Urrejola, 22 años (saxo, flauta); Jean Phocas, 39 años (sonido), y Kepa Junkera, 22 años (trikitritxa).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 25 de agosto de 1987

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