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Argentina a través del espejo

La idea de que la deuda externa es impagable se abre camino entre los políticos latinoamericanos

Buenos Aires
CARLOS ARES Buenos AiresEl presidente Raúl Alfonsín define cada vez con mayor claridad la grave situación de la economía argentina. Hace días, en una conferencia, ante empresarios y banqueros de la costa oeste de Estados Unidos -luego de una visita que se justifica sólo por el reclamo desesperado de inversiones-, advirtió que "si en mi país ocurre un desastre, ustedes se van a solidarizar con nosotros y se van a preocupar por los derechos humanos, pero sepan desde ya que será una solidaridad postmortem, porque habrá muerto nuestra democracia".

Hace un par de semanas, Alfonsín se reunió con el presidente de México, Miguel de la Madrid, en una ronda previa de consultas antes de convocar a la cumbre de jefes de Estado latinoamericanos con los que prepara un llamamiento conjunto ante los países acreedores. La estrategia económica del Gobierno argentino apunta a la "solución política" de la deuda. Los funcionarios admiten que es impagable y se limitan a renegociarla en términos que no ahoguen definitivamente al país, mientras reconocen, al mismo tiempo, que no se puede aguantar mucho más en estas condiciones.Tras dos años de aplicación del riguroso plan de ajuste llamado austral, el equipo económico considera satisfactorio" el resultado obtenido hasta albora. El descenso del índice de inflación y el aumento de la producción industrial son los datos que se ofrecen como pruebas. La oposición política, a la que se suman empresarios, sindicalistas y expertos, opina, en cambio, que el plan ha fracasado y advierten que las consecuencias quedarán a cargo de los Gobiernos que sucedan al actual.

Las críticas coinciden en denunciar que el compromiso de "no emitir" moneda a partir de la puesta en marcha del plan fue disimulado con fondos externos que aumentaron la ya abultada deuda argentina, y con deuda pública colocada masivamente en el mercado interno. Los intereses y el capital de esa deuda, en forma de bonos, a cargo del Estado, deberán ser pagados en el futuro por este Gobierno y los siguientes. El método posterga la inflación, pero no la resuelve.

Éste es, a fin de cuentas, el doble mensaje constante que recibe la sociedad argentina. El Gobierno insiste: cuando se anunció el plan Austral, que "congeló" inmediatamente los precios y los salarios, el país te nía entonces un promedio del 30% mensual de inflación. Desde entonces, el índice de la inflación se ha reducido a menos del 8% mensual. En ese período, Argentina ha crecido -según afirma el ministro de Economía, Juan Sourrouille- "un 5%".

Dos discursos

En cambio, a izquierda y derecha del Gobierno, se anticipa que la guerra comercial entre la Comunidad Europea y Estados Unidos, la crisis que afecta también a los tradicionales compradores de Argentina y la caída de los precios de las materias primas reducirán este año el saldo favorable de la balanza comercial a la mitad. Es decir, que los ingresos se reducirán un 50% en relación a los de 1986, que ya fueron a su vez el 50% que los de 1985. Con ese dinero, destinado sólo a la deu daexterna, Argentina no podrá pagar ni siquiera la cuarta parte de los intereses. Debe liquidar este año 4.500 millones de dólares, y sólo cuenta con 1.200 aún no asegurados.

Son dos discursos que golpean de forma permanente en la cabeza de los ciudadanos hasta rozar la esquizofrenia. Con el agravante de que aquí todo parece ser absolutamente cierto. Está claro que bajó la inflación, clarísimo. Pero tampoco hay dudas de que el adelgazamiento de los índices es controlado bajo presión, y la situación parece siempre a punto de estallar.

Alrededor de esa deuda se percibe también el doble punto de vista del Gobierno y la oposición. El equipo económico presentó como un "éxito" la renegociación con la banca acreedora y el Club de París.

No a la versión oficial

Fuera del bunker, los que no cesan de gritar y golpear las puertas del Ministerio de Economía denuncian por un lado que al refinanciar la deuda se legitimó la política económica conducida en la dictadura por el superministro José Alfredo Martínez de Hoz; por otro, señalan que el "éxito" se reduce a una rebaja en la sobretasa de interés que ya fue cubierta por las comisiones. La tasa de interés básica podría seguir aumentando si continúa la caída del dólar y se agudiza la recesión mundial; finalmente, mantienen que la deuda se dejó para más adelante, pero ¿a qué coste y con qué deberá pagarse el capital y los intereses que crecen cada día?

El Gobierno no precisa a cuánto asciende actualmente la deuda externa argentina. Los analistas privados calculan que a fin de 1987 podría rondar ya los 55.000 millones de dólares, unos 5.000 millones más desde que asumió el Gobierno democrático, en diciembre de 1983. Una cantidad que, aun con oscilaciones importantes, refleja la perversidad de una cuenta siempre pendiente y cada vez mayor. A este ritmo, el país no se librará de ella en 50 años.

La apuesta del Gobierno a los capitales extranjeros que iban a confiar en la restaurada democracia argentina no ha dado resultado hasta el momento. Franz Bucher, uno de los directores de la Unión de Bancos Suizos, fue muy claro cuando advirtió a los funcionarios del equipo económico: "Cómo van a invertir los extranjeros si los empresarios argentinos no confían en su propio país". Argentina debe a los bancos suizos 1.855 millones de dólares, y los depósitos argentinos en cuantas bancarias en Suiza suman 1.865 millones de dólares.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de julio de 1987