El fin de la pesadilla

Más allá de los troncos, hierros y traviesas, Agustín Ibarrola se ha visto agasajado por innumerables personajes ilustres que pertenecen a las tendencias más diversas del espectro político vasco. Porque, en la exposición antológica de Bilbao, Agustín y su inseparable Mari Luz estuvieron acompañados por un círculo mucho más amplio que el conformado por sus incondicionales.Todas las autoridades, todas, se dieron cita en el Museo de Bellas Artes para saludar al artista. Casi todos los candidatos a alcalde, representantes del Gobierno central y vasco, nacionalistas y socialistas e incluso algunos de los que hasta hace muy poco tiempo hablaban de Ibarrola como el "pecero" y el "español" han reconocido el trabajo del creador vizcaíno.

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Y es que a nadie se le escapa que el artista inauguró su exposición el pasado viernes, cuando ya la carrera electoral hacia el Ayuntamiento se ha iniciado a un ritmo vertiginoso. Queda la duda, ante tanto bombo y platillo, por saber cuál es la verdadera causa que ha provocado tan inusitado y tardío interés por la obra de Ibarrola en los círculos políticos vascos. Ibarrola seguramente sintió, con una gran dosis de asombro, que el pasado viernes finalizaba una larga pesadilla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0018, 18 de mayo de 1987.