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Cartas al director

El caballo de Santiago

Recientemente, Santiago de Compostela fue declarada por la Unesco patrimonio de la humanidad, lo que viene a consagrar a nivel oficial lo que existía en la mente de moradores y visitantes.Lleva el nombre de un santo que, entre otras aficiones más virtuosas, se dedicaba a erradicar a los sarracenos en cuerpo y alma de este mundo, montado a lomos de un conocido cuadrúpedo. Todos sabemos de qué color es el caballo blanco de Santiago.

Y como el famoso programa, hablando de caballos, en el solemne acto de la entrega de la distinción para la ciudad se les quedó en el tintero una visita turística a los oficiantes: un recorrido por el matadero, donde unos fornidos empleados, armados de barras de hierro, se dedican a perseguir a los caballos destinados al sacrificio, golpeándoles donde pueden dentro de un amplio recinto.

El animal tiene espacio para correr unos metros, pero los mozos, bien distribuidos, van propinándole golpes; cocea, relincha, comienza a sangrar y poco a poco, entre la debilidad y los bien dirigidos estacazos, cae al suelo, donde es rematado por los valientes.

No cabe duda de que el matar a palos un caballo, cuando existen métodos para hacerlo bastante menos crueles, es un digno ejemplo de nuestra tierra, donde tanto abundan estas distracciones, llámense toros, ensogados, solos o a su gusto. Tienen todos los modelos para torturas animales que se les ocurra.

Y haría bien el santo en amarrar su montura, pues cualquier día se la desguazan en el matadero. Señor director, dígaselo usted, -que seguro que allí leen la edición celestial.-

La Coruña.

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