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Estados Unidos dice en el Consejo de Seguridad que la ofensiva contra Irán es una “medida legítima”

Francia y el Reino Unido condenan las represalias de Teherán pero evitan criticar los ataques de EE UU e Israel a la República Islámica

El embajador de EE UU en la ONU, Mike Waltz, escucha a un miembro de su equipo, este sábado.OLGA FEDOROVA (EFE)

La tarea de demolición a martillazos de la ONU emprendida por la Administración de Donald Trump, con Israel de la mano, avanza adecuadamente, como ha quedado claro en la reunión de emergencia del Consejo de Seguridad celebrada en la tarde de este sábado en Nueva York. A esa ONU alternativa que Trump ha pergeñado con el nombre de Junta de Paz para Gaza puede sumarse la aquiescencia de dos grandes potencias del Consejo, dotadas como Washington del derecho de veto: Francia y el Reino Unido, que no han condenado los ataques contra Irán, pero sí la represalia de Teherán contra objetivos estadounidenses e israelíes en la región.

Ponerse de perfil, con Trump al mando del mundo, parece la opción más sensata si uno no quiere salir mal parado, pero hacerlo explícitamente en contra de la comunidad internacional —encarnada en la figura de António Guterres, secretario general de la ONU, que sí condenó tanto la ofensiva contra Irán como las represalias de Teherán— no parece augurar nada bueno sobre el futuro de la organización.

El Consejo de Seguridad, órgano ejecutivo de la ONU, ha sido esta tarde escenario de fintas diplomáticas para todos los gustos. EE UU ha defendido sin ambages los ataques “para garantizar que el régimen iraní nunca pueda amenazar al mundo con un arma nuclear”. “Esto no es una cuestión de política. Es una cuestión de seguridad global. Y con ese fin, EE UU está tomando medidas legítimas”, un dudoso concepto que según el embajador Mike Waltz describe bien la oleada de bombardeos, también de sitios civiles, como la escuela de Minab.

Israel, que viene arremetiendo con crudeza contra la ONU y Guterres desde octubre de 2023 —tras responder al ataque de Hamás del 23 de octubre con una guerra total en Gaza—, ha acusado de hipocresía a la organización por no haber condenado antes la raíz del problema: el imperio del terror de Teherán. “Esto no ha empezado hoy, sino cuando los proxys de Irán exportaron el terror y Teherán se volvió en contra de su propio pueblo. ¿Dónde estaba entonces la indignación de la ONU? Pero resulta que cuando Israel actúa, la ONU condena de inmediato. Esto es hipocresía, [porque] lo que hacemos lo hacemos por necesidad, por supervivencia", ha dicho el embajador de Israel, Danny Danon, que ha citado de manera laudatoria a Trump en varios pasajes de su discurso.

Junto a estos países, Francia y el Reino Unido han condenado únicamente la represalia de Irán contra intereses occidentales en la región, a la vez que advertían del riesgo que para la estabilidad global tiene una escalada bélica. Muy de pasada, el representante británico —que este sábado ostentaba por última vez la presidencia de turno del Consejo, antes de dar el relevo a EE UU el domingo— ha dicho en la lectura de un comunicado que “las informaciones sobre daños civiles son alarmantes”, perfecto ejemplo de la langue de bois de la diplomacia.

Frente a ellos, los otros dos miembros permanentes del Consejo, Rusia y China, han condenado la ofensiva conjunta de EE UU e Israel, pero no los ataques iraníes posteriores, y pedido el cese inmediato de las hostilidades. “Insistimos en la reanudación inmediata de los esfuerzos de solución política y diplomática... basados en el derecho internacional, el respeto mutuo y el equilibrio de intereses”, subrayó el embajador ruso, Vasili Nebenzia.

Bombardeo a la escuela

Minutos antes de su intervención, cuando se dirigía a la sala del Consejo, Waltz respondió pulgar en alto y con una amplia sonrisa, en un gesto que desconcertó a los presentes, tras ser preguntado por el bombardeo a la escuela de Minab. Para Waltz y Danon la sesión más pareció por momentos un pasatiempo.

El israelí, muy dado a los golpes de efecto, publicaba con el Consejo aún en marcha una fotografía en su cuenta de X en la que aparece saludando a Waltz y un mensaje, con emojis, sobre la férrea amistad bilateral. Tampoco dejaba escapar la ocasión de atizar de nuevo a Guterres, con otro mensaje en X en el que aparecía parte del comunicado oficial del secretario general sobre la situación: “Condeno la escalada militar en Oriente Próximo. El uso de la fuerza por EE UU e Israel contra Irán, y la subsiguiente represalia de Irán en la región, socavan la paz y la seguridad” en el mundo. Danon tiraba supuestamente de ironía para despreciar las palabras de Guterres: “Esto no es IA. Esta es una respuesta real del secretario general de la ONU, António Guterres, tras la operación conjunta israelí-estadounidense en Irán. Vergonzoso”

Guterres, con cara de circunstancias, no pudo elevar siquiera el tono de consternación que viene manifestando desde que la invasión rusa de Ucrania y la guerra de Gaza, además de muchos otros conflictos olvidados, pusieron patas arriba la comunidad internacional y sus dinámicas diplomáticas. El secretario general sostuvo ante el Consejo que la ofensiva conjunta contra Irán representa el fracaso de la diplomacia, máxime cuando había negociaciones en curso, y avisó del efecto que podría tener “una mayor escalada”. Si no se evita lo peor, advirtió, “la alternativa es un posible conflicto más amplio con graves consecuencias para los civiles y la estabilidad regional”.

Guterres afirmó no estar en condiciones de confirmar la muerte del líder supremo de Irán, Alí Jameneí —tampoco lo hizo el embajador israelí, que se salió por la tangente al ser preguntado—, lo que aprovechó para advertir del gran número de informaciones no contrastadas que complican aún más “una situación muy volátil”.

El resto de los participantes en la reunión optaron en su mayor parte por ponerse de perfil, aunque fueron más los que condenaron la amenaza nuclear de Irán que la agresión de EE UU e Israel. El delegado de la Liga Árabe en la ONU fue más allá y definió el día de hoy como “el momento en el que el conflicto árabe-israelí se ha convertido en una guerra regional a gran escala”.

En antepenúltimo lugar intervino el representante de Irán, Amir Saeid, a quien Danon despreció sin mirarlo ni una sola vez, entretenido en pasar páginas en su móvil. El iraní se enzarzó en una tensa contrarréplica con su homólogo estadounidense, “Le aconsejo al representante de Estados Unidos que sea cortés. Será mejor para usted y el país que representa”. Waltz respondió airado: “Este representante [el de Irán] se sienta aquí, en este organismo, representando a un régimen que ha matado a decenas de miles de personas su propio pueblo y encarcelado a muchas más, simplemente por querer liberarse de toda su tiranía”.

“Todas las bases y activos de las fuerzas hostiles [de EE UU e Israel] seguirán siendo objetivo de Irán mientras continúe la agresión ilegal, en el ejercicio de la legítima defensa consagrado por el artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas”, advirtió para finalizar el iraní, muy sujeto a los principios de la Carta fundacional, denunciando que algunos miembros del Consejo “con un doble rasero flagrante, hayan ignorado el flagrante acto de agresión cometido por Estados Unidos e Israel contra Irán”. Nada nuevo bajo el sol: sus palabras ponían de relieve el disenso internacional, la habitual división en el seno del Consejo que, bajo el imperio de Trump, sólo parece ir a más.

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