DOS FRENTES DE LA POLÍTICA EXTERIOR NORTEAMERICANA

Confusión en EE UU sobre la supuesta invasión de Honduras

La noticia de la invasión de Honduras por 1.500 soldados sandinistas, denunciada por Estados Unidos y negada por Nicaragua, despertaba ayer serias dudas y confusión en Washington, donde abiertamente se cuestiona su veracidad y se sugiere que forma parte de la campaña de propaganda para que el presidente Ronald Reagan consiga del Congreso el apoyo que solicita para la contra. Fuentes del Pentágono citadas por la cadena de televisión NBC dijeron por la mañana que no tenían información de sus servicios secretos de la invasión y que las noticias han sido exageradas.

Posteriormente, el portavoz del Departamento de Defensa sintonizó su versión con la Casa Blanca y dijo que la invasión no había sido una acción precipitada, sino que formaba parte de una incursión a gran escala y bien preparada. El portavoz presidencial defendió su versión inicial y ayer añadió que una segunda fuerza sandinista había entrado en Honduras y se había situado al este de su posición, probablemente para ayudar a unos 300 soldados que quedaron atrapados.La verdad, probablemente, nunca se llegue a saber, y lo único cierto es que la noticia. producirá un efecto seguro: el Senado aprobará en las próximas horas la ayuda a los rebeldes que tratan de derrocar al Gobierno nicaraguense. Daniel Ortega ha dado a Reagan la oportunidad de presentar a Nicaragua como un país agresor de sus vecinos y, si lo cree necesario, de escalar militarmente el conflicto.

Con esta confusa, noticia, Reagan se ha garantizado los 100 millones de dólares (unos 14.000 millones de pesetas), 7,9 de ellos para ayuda militar, que pide para la contra, declaró el senador demócrata Christopher Dodel, uno de los críticos de la política del presidente Regan hacia Nicaragua. Un sondeo de opinión publicado ayer por The Washington Post asegura que los norteamericanos, por un margen de dos a uno, están en contra de la ayuda a la contra.

Un 52%, frente a un 37% desaprueba la política de Reagan hacia Nicaragua. El Senado, dominado por los republicanos, tenía previsto votar a primeras horas de esta madrugada (hora peninsular). Si la medida es aprobada, pasará a la Cámara de Representantes, que la rechazó la semana pasada, para una nueva votación en abril.

Demócratas y republicanos debatieron durante toda la jornada de ayer un compromiso para suspender la ayuda 90 días con el fin de intentar una solución diplomática del conflicto. Si Daniel Ortega ha ordenado esta invasión, dijeron varios senadores, ha cometido un "enorme error" y ha facilitado la labor a Reagan. El hecho, si se confirma, sería para los observadores un síntoma de que Nicaragua está convencida de que el Congreso aprobará definitivamente la ayuda y ha decidido barrer a los rebeldes antes de que sean rearmados por Estados Unidos.

La sombra de Tonkín

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La segunda invasión recuerda el incidente del golfo de Tonkín, cuando, en 1964, un supuesto ataque norvietnamita a dos destructores norteamericanos en el sureste asiático, que nunca pudo ser probado, fue utilizado por el presidente Lyndon Johnson, con la luz verde del Congreso, para aumentar la escalada de la guerra de Vietnam. La Administración fue acosada ayer con decenas de preguntas sobre la masiva incursión, que, al parecer, sólo fue admitida por el Gobierno de Honduras tras ser presionado por Washington. Los interrogantes siguen sin una respuesta convincente. El Gobierno de Tegucigalpa y los rebeldes, aunque no niegan que haya habido un incidente en territorio hondureño, sugieren que su importancia ha sido exagerada por Estados Unidos.

La Casa Blanca insistió ayer en que, el pasado fin de semana, dos batallones sandinistas, apoyados por carros de combate, artillería y helicópteros, penetraron unos 20 kilómetros en territorio de Honduras para acabar con la principal base de entrenamiento de la contra. Se trata, afirmó el portavoz Larry Speakes, de una "incursión elaborada", no de una "persecución en caliente", como las que se han producido en muchas ocasiones.

La situación en la zona era ayer, según fuentes norteamericanas y hondureñas, la siguiente: los sandinistas se están retirando, han sufrido más de 100 muertos y su retroceso está amenazado por una fuerza rebelde de 3.000 hombres y por el Ejército hondureño. Estados Unidos dice que miles de soldados nicaragüenses están preparados al otro lado de la frontera para acudir en ayuda de sus compañeros.

Honduras, que no admite oficialmente que los rebeldes están acantonados en su territorio, pidió el martes a Washington una ayuda militar urgente para enfrentar la situación, pero no lo hizo al amparo del tratado de Río, como se pensó en un primer momento. Reagan respondió con el enví0 inmediato de 20 millones de dólares (unos 2.900 millones de pesetas), y helicópteros norteamericanos, se disponían ayer a transportar a unos 1.000 soldados hondureños a la zona del conflicto.

El presidente ha dado la orden de que las tropas de EE UU -hay 2.000 soldados ahora en Honduras- no se acerquen a los sandinistas y eviten su implicación en los incidentes.

El jefe del Comando Sur de EE UU, con sede en Panamá, el general John Galvin, está supervisando las operaciones.

El polémico incidente ha ocurrido en una zona montañosa y aislada, donde unos 6.000 contra tienen su base de operaciones. Una de las mayores incógnitas es por qué Honduras no quiso admitir en un principio la incursión masiva, que también fue desmentida como una exageración por Frank Arana, el líder militar de la contra en la zona.

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