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EL ASESINATO DEL PRIMER MINISTRO SUECO

Las amargas lágrimas de Marie Göranzon

Las lágrimas de la actriz Marie Göranzon, intérprete principal del montaje de La señorita Julia, de Strindberg, que bajo la dirección de Ingmar Bergman se estrenó anoche en Madrid por la compañía sueca del Dramaten (información en la página 30), rubricaron la dramática noticia de la muerte de Olof Palme con la que el embajador sueco en España, Carl-George Crafoort, interrumpió la velada en la que se celebraba el triunfo de este estreno. El embajador sueco, que no había considerado conveniente hasta ese momento interrumpir la reunión de los artistas, informo a sus compatriotas del Dramaten que había sido llamado por el presidente del Gobierno español, Felipe González, quien le había dado el pésame. Crafoort dijo en su comunicación a los actores del Dramaten que Suecia y el mundo perdían a una de las grandes personalidades contemporáneas, cuya lucha por la paz ha sido incesante y significativa para eliminar las tensiones existentes en Europa.En su conversación con EL PAÍS, el diplomático sueco reflejó el sentimiento de profundo afecto que le había expresado el presidente español Felipe González y, en el campo de las contribuciones pacifistas de Palme, destacó la idea repetidamente indicada por el asesinado primer ministro sueco sobre la vital necesidad de abolir todo tipo de, armas atómicas que amenazan a la humanidad. Carl-George Crafoort significó el sentimiento de horror de los suecos por la pérdida de Palme. "En las relaciones sueco-españolas", dijo, "todos hemos perdido a un gran amigo de la España democrática".

El actor sueco Peter Stormare, que comparte con Marie Göranzon, el protagonismo en La señorita Julia, definió anoche la contribución de Palme a la vida contemporánea: "Era un personaje con el que podías disentir, pero sus ideas eran de una inva riable y profunda honestidad" Marie Göranzon afirmó: "Era una persona auténtica".

El sentimiento de emoción que la compañía del Dramaten expresó anoche por el asesinato del líder sueco fue de una intensidad difícilmente descriptible, porque se produjo en medio de un intenso silencio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de marzo de 1986