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Tribuna:

Política de sepultureros en Ametzagaña

"Me retiro de toda intervención en nuestra vida cultural vasca, conducida en este país por sepultureros", dice el autor de este artículo, después de no haber ganado un concurso de ideas para el nuevo cementerio de la ciudad de San Sebastián, convocado por el ayuntamiento sobre bases con las que el artista no está de acuerdo. Se ha fallado contra mí, contra la ciudad", escribe.

Ruego, pues, me dispenséis una última atención a lo que aquí escribo. No escribiré más en la Prensa, no aceptaré ninguna entrevista más sobre nada ni con nadie. Me retiro de toda intervención en nuestra vida cultural vasca, conducida en este país por sepultureros. En mi artículo anterior, que los periódicos vascos reprodujeron, menos Egin, manifesté mi extrañeza por no haber ganado el concurso de ideas para el nuevo cementerio; ni siquiera se me nombraba. He obtenido la explicación que precisaba de uno de los miembros en el jurado al que no conocía, pero de¡ que podía confiar, ya que me ha unido a su familia una profunda y de siempre íntima amistad.Yo no había sido admitido por presentar mi proyecto con fotografias de la maqueta, que es como se hace patente y visible para todos un proyecto, es como debían haber sido aquí obligados todos a presentar sus ideas. Yo no podía, pues, perder ni ganar. En todas mis intervenciones con arquitectos en competiciones internacionales (que ganaba) -era con maqueta y fotografías de la maqueta para ampliar su comprensión (y, secundariamente, con algunos planos auxiliares de delineante) que se presentaban los proyectos. Aquí, en nuestra ciudad de San Sebastián, lo prohibían unas bases inconcebibles, confeccionadas inconcebiblemente por un ignorante funcionario del ayuntamiento que, además, ha participado en la votación como representante del alcalde. Bases rebuscadas en algún apolillado armario en esta apolillada culturalmente y atrasada ciudad.

A mi artículo justamente airado de denuncia y amenazas por el fallo, la respuesta del alcalde me produjo la misma risible impresión y muy triste, como hace bien poco la respuesta de Txomin Ziluaga por mi vapuleo que le dediqué en Egin (11 de febrero). Lo mismo el jefecillo de HB como ahora el del PNV disimulan su impotencia para defenderse con una huida íngenua de cuatro palabras incoherentes. No hay polémica, no existen respuestas cuando yo trato y acuso en mi terreno. Me he definido a mí mismo como hombre de resentimientos, no con rencor para nadie; soy resentido de resentir, de sentir lo suficiente y más lo que nos obligamos responsablemente a sentir. No puedo perder más mi tiempo y retiro mis amenazas, no mis acusaciones, que puedo gravemente completar.

En visita a Madrid por la exposición de la vanguardia rusa en el arte contemporáneo, y en una reunión con arquitectos, me hablaba el amigo Juan Daniel Fullaondo de este concurso nuestro al que se presentaba; me mostraba documentación abundante de cementerios modernos en el mundo. Yo me reía de todos estos cementerios y le expuse mis ideas sobre la idea de la muerte en nuestra primera y remota identidad, y que en su reimaginación mítica y religiosa se encontraría el proyecto original para un nuevo cementerio vasco. Interesado profundamente, me pidió integrarme en su equipo y que servirían a mis ideas. Escribí en una página mi memoria espiritual como introducción a la memoria técnica que los arquitectos tendrían que ir desarrollando. Les dejé mi maqueta para el trabajo y regresé para volver.

En un montecillo

Yo había visitado dos veces el lugar para cementerio en Ametzagaña, un montecillo cuya cresta se orientaba, a un costado de la ciudad, avanzando a un gran vacío entre la mar y el cielo, al poniente, con el fondo lejano del horizonte de agua entre los promontorios del Urguil y del Ulía. Escenario impresionarne para mi proyecto, que se apoya en un mito. preindoeuropeo nuestro de metamorfosis sobre la muerte como hijos del cielo, en el que me encuentro trabajando. Advertía la relación de este lugar nuestro con la colina propuesta en el concurso de Montevideo para un monumento a la libertad, al mismo tiempo que como ensayo de integración de escultura con arquitectura y la ciudad, que ganames (1958-1959, con el arquitecto Roberto Puig). El edificio como prisma recto horizontal, cerrado y flotante, levantado transversal sobre el eje de la colina, entraba en conjunción con el espacio exterior inmediato, que se definía como estatua vacía. No se realizó al coincidir el concurso con el cambio de un Gobierno conservador y reaccionario a la idea del monumento. La escultura en nuestra obra ha sido considerada como antecedente en algunos años al minimalismo en la experimentación final del arte contemporáneo. Niemeyer, que ya concluía la proyectada Brasilia, alcanzó a agregar el prisma cerrado y flotante de nuestra arquitectura a su ciudad, y muy justamente, como monumento sagrado y conmemorativo. Pensaba yo en Ametzagaña, que era el lugar más emocionante y apropiado, verdadero, para un ensayo de monumentalidad religiosa, casi celeste, con el planteamiento de Montevideo.

Tres versiones

Voy a resumir las tres versiones que presentamos. Al volver a Madrid tenían -ya los arquitectos la primera solución, exclusivamente realizada por ellos y que, pasada a planos de delineante, es la que ha sido admitida y la que debió ganar el concurso al no admitir mi solución en maqueta. Los arquitectos habían conservado del cementerio tradicionalmente amurallado una pared que, aunque bellamente modulada, ocupaba todo el eje longitudinal en la cresta del Ametzagaha, separando la ladera sur para los enterramientos de la ladera norte como parque ornamentado con esculturas de naturaleza simbólica y conmemorativa. Me mostré en desacuerdo; apreciaba además que los aparcamientos quedaban alejados de la entrada al recinto sagrado del cementerio. Intervine modificando esa primera versión en un segundo proyecto. En el arranque mismo de la cresta coloqué la arquitectura cruzada del prisma recto horizontal que correspondía a la estructura simbólica de mi proyecto original. Prolongamos este prisma sobre la zona de enterramientos, sobrevolada, y así, al tener que proporcionarle apoyo de altas y delgadas columnas, definimos abajo un recinto delicadamente posmoderno como una primera entrada en la subida al cementerio. Con su cubierta obteníamos una plataforma para aparcamiento ante el portal mismo del cementerio, bajo el prisma flotante de la arquitectura. Pero encontré una tercera como definitiva versión que expresé en maqueta: conservando el pórtico de columnas en la subida y el aparcamiento a la entrada, me decidí a convertir el prisma recto (suficiente en principio para los servicios y funciones diversas en los entierros) en un gran edificio acostado y flotante que hice sobrevolar, mientras se,abría en anchura, sobre la ladera norte del parque, que así se transformaba en un verdadero campus para una universidad popular.

Mientras en la zona sur enterramos nuestros muertos, en la norte se trabaja en desenterramiento de ciudadanos nuestros que sonambulean vida sin asistencia alguna verdaderamente útil en educación y cultura nuestras. El profesor Artamendi, de filosofía del arte y de historia de nuestra cultura, al que consulté como amigo este proyecto, me mostró su aprobación y entusiasmo en extenso escrito, y hasta, pensaba en la posibilidad de trasladar aquí centros de educación artística. Ciertamente que con este proyecto proporcionábamos importante y necesaria expansión urbanística y cultural para la ciudad.

Concurso de ideas

Éste era un concurso de ideas que no se han tenido en cuenta para nada. El alcalde Labayen, responsable enterrador con el PNV en el Gobierno Garaikoetxea de todo proyecto de cambio cultural y de nuestro renacÍmiento artístico, que se reveló en el franquismo sorprendiendo internacionalmente, sigue aquí como lendakari municipal, ejerciendo culturalmente de sepulturero.

Que al no figurar en el fallo del jurado no podía saberse si yo participaba. Se sabía por mis ideas, si habían leído la primera página de nuestra memoria. Sabía el jurado de todos los participantes, si no había ideas, por sus contactos. Ya uno de los concursantes, entre sus amigos del Opus en Pamplona, presumía de sus buenos contactos que aquí tenía y que iba a ser premiado. Suponemos que, por su cuarto premio, había otros con mejores contactos. En cuanto al primer premio, por el plano de delineante reproducido en la Prensa, muestra semejanza con el único proyecto admitido a nosotros y exclusivamente realizado por los arquitectos Fullaorido, Marta Maíz y Enrique Herrada, de nuestro equipo (que ya debo decir se completaba, a mí lado, con el escultor Mario Ortiz y el fotógrafo Juan López). Y creo es éste el momento que me obligo a descubrir de mi amigo miembro en el jurado que he consultado ésta su sincera opínión: "El mejor, el más profundo, era Fullaondo, y que todos los demás (así, literalmente) eran unos pardillos".

Hasta nunca

Se ha fallado contra nosotros; se ha fallado contra mí, se ha fallado contra la ciudad. Despreciable confeírmismo el de este jurado que no podía ignorar que sobre la estupidez de las bases estaban obligados a servir a la ciudad. No me importa el jurado, no me importa el alcalde; no es mi alcalde, no tengo alcalde, no tengo espiritualmente ni Gobierno vasco; casi no reconozco pueblo vasco actual; quizá como hipótesis lo acepto así, fálsificado. Yo vivo en un país más real, en el arranque de nuestra identidad vasca mítica y lingüística en el que trabajo. Me siento un poco asustado de la inmadurez de esta sociedad nuestra, casi en su totalidad políticamente de inconscientes; quizá sea igual en otros países.

Ahí tenéis vuestro cementerio; no precisábais fingir concurso de ideas porque no tenéis un programa ni una sola idea con el arte para nuestra vida con la cultura. Este cementerio en Ametzagaña ha sido mi última oportunidad para servir como escultor a mi país. En un extremo de la ciudad, frente al océano, tenéis el emocionante y simbólico Peine de los vientos, de Chillida. En el otro extremo de la ciudad, y frente al cielo, hubierais tenido, abarcando como en un abrazo definiendo nuestra ciudad, este monumento funeral y vital que no lo habéis querido.

Cuando una vez fui rechazado escribí al final en mi Androcanto, imaginando un último adiós: "Adiós, lagartos. / Para todos mi centauro de buenos días, / pasadio a cuchillo. / Hasta luégo, fontaneros". Ahora sí, mi último y definitivo adiós que os digo: Mi adiós para todos. / Mi desnudo minotauro de buenas noches, / pasadlo a cuchillo, pero no me enterréis aquí. / Hasta nunca, sepultureros.

es escultor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de enero de 1986

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